¿Qué sabemos del alma?
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¿Es una ilusión todo lo que sabemos sobre la religión? La verdad universal sobre el alma podría romper la división.
Por James Pollard

La humanidad, en su búsqueda interminable de la esencia por excelencia de la vida, a menudo se halla confundida por su incapacidad de comprender el funcionamiento interno de las escrituras divinas y de relacionar las historias de los mensajeros del pasado con nuestra época tan diversa, multicultural y predominantemente tóxica. Como un barco sin timón, la gente vaga a ciegas, atónita ante el mundo aparentemente trivial de los cinco sentidos y ante unas búsquedas materiales que se desvanecen en una morada pasajera. Muchas personas buscan conocer su ascendencia y su genealogía en una desesperada búsqueda de un sentido de identidad verdadera, pero tales búsquedas son infructuosas y dejan a la gente con la sensación de no tener una verdadera conexión con lo que realmente es. De hecho, la gente suele limitarse a ganar más etiquetas que adherirse a sí misma sobre religión y orientación política, formando personalidades complejas que la alejan aún más de su verdadera fuente de identidad.
Muchas civilizaciones, envalentonadas por la creencia de que pueden descubrir de verdad los secretos de la conciencia humana y la naturaleza de nuestra realidad, han recurrido a la investigación científica para descubrir más. La élite científica, financiada por las élites políticas, gasta millones de dólares en aceleradores de partículas para intentar encontrar la molécula más pequeña o la llamada «partícula de Dios», con la esperanza de que arroje luz sobre los secretos del universo más allá y sobre la fuerza del alma. En cambio, lo único que acaban encontrando son partículas subatómicas cada vez más pequeñas, como el quark, que vibran a frecuencias más altas. El Gran Colisionador de Hadrones del CERN costó hasta 75 000 millones de dólares estadounidenses en construirse, operarse y mantenerse, y aun así la ciencia no ha encontrado el elemento por excelencia de la vida. La búsqueda recuerda el intento inútil de Nimrod de desafiar a la deidad suprema construyendo una torre hasta los cielos, para acabar siendo destruido él mismo por la más pequeña de las criaturas, el mosquito, en el apogeo de su arrogancia.
Pero ¿dónde puede encontrarse realmente la verdad? Como Aba Al-Sadiq ha revelado hoy, los sabios que escribieron sobre el alma —como Hermes, Pitágoras, Krishna, Buda, Platón y Sócrates— son en realidad profetas desconocidos enviados a la tierra. Así pues, junto con los profetas abrahámicos, investiguemos e intentemos completar el rompecabezas del alma a partir de su exégesis divina. ¿Existe una verdad universal que haga paralelas las enseñanzas sobre el alma a través de la división de las religiones, revelando que la segregación religiosa es en realidad una ilusión y que existe, y siempre ha existido, una ley universal superior que se está sacando a la luz respecto al alma?
Hermes y Thot sobre el alma
El primer filósofo o maestro de la sabiduría divina fue conocido como Hermes o Thot, el mismo constructor de las Pirámides de Guiza. Por ello, sus enseñanzas, a través de su libro el Corpus Hermeticum, son un buen punto de partida. De su profundo entendimiento se revela cómo las almas están entrelazadas con la cosmología y la metafísica. Hermes habló de que el alma es de origen divino y de que su «descenso» al mundo material le da un propósito, lo cual se corresponde con el concepto del «mundo de los átomos» en las tradiciones chiíes. El regreso del alma a su fuente original se ve facilitado por el aprendizaje y por un desenredarse a través de la experiencia en este plano terrenal y la práctica de aspectos de lo divino, mediante lo cual el alma emprende una metamorfosis. Hermes nos enseña que en cada momento de nuestra vida debemos elegir entre una conducta mala o buena, lo cual nos lleva a hacer evolucionar nuestro karma anterior de manera positiva o negativa. Debemos centrarnos en hacer del alma nuestra guía, pues es superior a la carne.
«El alma, enviada por Dios, es inmortal y fuerte; todo lo material es mortal y débil. Pero el hombre no es solo materia; también es alma. Y no es el cuerpo el que es fuerte, sino el alma.»Corpus Hermeticum, Hermes Trismegisto, Tratado: Poimandres, el Pastor de Hombres
Como el propio Jesús se hizo eco y dijo, de acuerdo con las enseñanzas de Hermes, la carne es débil pero el alma está dispuesta.
Hermes, de acuerdo con las enseñanzas del profeta Muhammad, ha revelado en efecto que el alma es inmaterial y está más allá de los vanos intentos del hombre por observarla mediante la ciencia. Continúa revelando cómo Dios es la fuente de todo y cómo el alma del hombre procede de una fuente divina.
«No hables, hijo mío, de que el hombre perece. Piensa qué es Dios, y qué es el Kosmos, y qué se entiende por una criatura viviente que es inmortal y una criatura viviente que es disoluble. El Kosmos está hecho por Dios y contenido en Dios; el Hombre está hecho por el Kosmos y contenido en el Kosmos, y es Dios el autor de todo, y lo abarca todo, y entreteje todas las cosas.»Hermetica, Hermes Trismegisto, Libellus VIII; p. 178-179
Hermes reveló también que solo conectando con este aspecto divino que hay en nosotros y encarnándolo podemos desarrollar una mayor comprensión de la verdad y de la esencia divina que está en el origen de todo.
«Quien se conoce a sí mismo, conoce el Todo.»Corpus Hermeticum, Hermes Trismegisto, Tratado 1
Este personaje, Hermes, es el mismo Thot que, en sus Tablas Esmeralda, reveló que el hombre se origina en las estrellas y que la clave de nuestra ascensión es luchar contra nuestros yoes inferiores y contra nuestros deseos.
«El hombre es una estrella atada a un cuerpo, hasta que al final se libera mediante su esfuerzo. Solo luchando y afanándote al máximo florecerá en nueva vida la estrella que hay en ti. Aquel que conoce el comienzo de todas las cosas, libre está su estrella del reino de la noche.»Tabla Esmeralda III, Thot
«Sabed, oh hombre, que solo sois espíritu. El cuerpo no es nada. El Alma lo es TODO. Que vuestro cuerpo no sea una cadena. Arrojad la oscuridad y viajad en la Luz. Arrojad vuestro cuerpo, oh hombre, y sed libres, verdaderamente una Luz que es UNA con la Luz.»Tabla Esmeralda IX, Thot
A través de las enseñanzas de Thot y Hermes reconocemos que la capacidad del hombre de reflejar atributos divinos se debe a esta chispa divina indefinible, inefable e intangible, o partícula de Dios de la conciencia divina, incrustada en el corazón del hombre. Es un átomo o partícula de las estrellas que no puede ser destruido. Poniendo todo nuestro esfuerzo en alinearnos con esta fuerza del alma, podemos eliminar la semilla de la duda y convertirnos en verdaderos trabajadores de la luz.
Hermes describió que cuando seguimos la búsqueda desenfrenada de los deseos y de la gula, nos hacemos daño a nosotros mismos y a los demás. Nos desconecta por completo de la fuente divina. Este aspecto, cuando está en ascenso, abruma el alma de la persona y la ciega ante la verdad sobre la naturaleza de la realidad. En cambio, empuja al ego al primer plano de la personalidad.
«El alma, mientras está en el cuerpo, está cargada de muchos males: la sinrazón, la tristeza, la confusión y la desesperación. Pero cuando abandona el cuerpo, queda libre de todos estos males.»Corpus Hermeticum, Hermes Trismegisto, Tratado: Poimandres, el Pastor de Hombres
La Gnosis o conocimiento divino es como un plano de un camino para salir de este laberinto de sufrimiento y del ciclo de la reencarnación. Hermes trazó cómo llevar a cabo este proceso, haciendo hincapié en la experiencia práctica directa de las verdades espirituales, obtenida mediante la meditación y los actos virtuosos, que nos lleva a armonizarnos con el universo.
El alma en la Antigua Grecia
Mientras que el sabio profeta Pitágoras, que estudió en Egipto con sacerdotes caldeos de Mesopotamia, abrazó las leyes herméticas, descubrió que el alma es inmortal y está en continua transmigración de una vasija a otra. Pitágoras comentó también la lucha por suprimir el yo apetitivo y vigorizar el yo bueno, y cómo nuestra conducta moral anterior en vidas pasadas definía la vasija en la que podríamos encarnar en vidas futuras. Explicó cómo el ser humano es capaz de comunión con lo divino y necesita un cuerpo como vehículo en este camino para elevar el alma. El cuerpo, sin embargo, debe ser controlado o refrenado por el alma para que lo divino que hay dentro se ilumine en el ser humano.
«Dejándote siempre guiar y dirigir por el entendimiento que viene de lo alto, y que debe llevar las riendas.»Versos de Oro, Pitágoras, Verso 69
Filolao, discípulo de Pitágoras, expresó esta relación eterna entre el alma y el cosmos, y cómo el cuerpo era una vasija para ella en este campo de pruebas de la vida corporal.
«El alma es introducida y asociada al cuerpo por el Número, y por una armonía a la vez inmortal e incorpórea… el alma aprecia su cuerpo, porque sin él no puede sentir; pero cuando la muerte ha separado de él al alma, el alma vive una existencia incorpórea en el cosmos.»Guthrie, p. 174
Existe también una tradición que muestra la transmigración de las almas en relación con Pitágoras. Según esta tradición, Hermes pidió a Pitágoras que escogiera cualquier don excepto la inmortalidad. Pitágoras eligió conservar los recuerdos de lo que le sucedió, tanto en vida como después de la muerte. Su alma pasó más tarde al cuerpo de Euforbo, que fue herido por Menelao. Siendo Euforbo, Pitágoras solía decir que antes había sido Etálides, un hijo de Hermes. Mencionó un don que Hermes le había concedido: la transmigración perpetua de su alma, pasando a plantas o animales a su antojo. Además, Pitágoras había recibido también el don de recordar todo lo que su alma había experimentado en el Hades, así como los sufrimientos soportados por otras almas.
Tras la muerte de Euforbo, dijo que su alma había pasado a Hermótimo. Para convencer de ello a la gente, mostró su escudo en el templo de Apolo, que Menelao había dedicado allí como ofrenda. Pitágoras dijo que Menelao, cuando zarpó de Troya, había ofrecido a Apolo su escudo desgastado, del que solo quedaba la cara de marfil. Pitágoras dijo además que, cuando Hermótimo murió, se había convertido en Pirro, un pescador de Delos, y que aún recordaba todo, incluido cómo antes había sido Etálides, luego Euforbo, luego Hermótimo y luego Pirro. Cuando Pirro murió, se convirtió en Pitágoras y conservó los recuerdos de todas las circunstancias anteriores mencionadas.
Así pues, volviéndonos hacia la sabiduría griega, encontramos muchas similitudes y verdades evidentes conectadas con los egipcios y con Hermes. Los griegos revelaron la «Psique» como la fuerza vital o el aliento de vida, y reconocieron que nuestra existencia en el mundo material no es nada sin nuestra alma. Veían el alma como la parte animadora e intangible de nosotros mismos.
Platón habló del aspecto tripartito del ser humano: el Logistikós (la inteligencia o razón), el Thumoeidés (el yo apasionado que necesita ser refrenado y alineado con la fuente divina) y el Epithymētikón (el yo apetitivo que solo busca placer y comodidad). Expresó La Meta del Sabio como el gobierno del Logistikós, y para alcanzarla hay que expresar belleza, justicia y bondad. Es decir, ejemplificar una moral positiva y contemplar los aspectos del amor desinteresado, la sabiduría y la indagación lógica, evitando al mismo tiempo caer presa de las tentaciones del yo despreciable.
«El alma es inmortal y capaz de soportar todo mal y todo bien, y nos mantendremos siempre en el camino ascendente, practicando la justicia con razón de todas las maneras. De ese modo seremos amigos tanto de nosotros mismos como de los dioses mientras permanezcamos aquí en la tierra y, después —como los vencedores de los juegos que van recogiendo sus premios—, recibiremos nuestras recompensas. Así, tanto en esta vida como en el viaje de mil años que hemos descrito, nos irá bien y seremos felices.»La República de Platón, X, 621c-d

Los relatos de Platón sobre el más allá y el viaje del alma nos dan más información sobre su comprensión del alma. Según los escritos de Platón, hubo un soldado que murió en el campo de batalla. Se llamaba Er. Su cuerpo fue recogido con el resto de los caídos diez días después, pero, a diferencia de los demás cadáveres, no se había descompuesto. Al duodécimo día despertó y declaró que había visto el mundo más allá de la muerte. Según Er, los hombres son juzgados por sus vidas. Los justos ascienden a los cielos con un registro de sus obras colgado del pecho, mientras que los injustos descienden a la tierra con el registro de sus acciones colgado a la espalda. En cada reino, la gente recibe una recompensa diez veces mayor por su conducta terrenal: los justos son recompensados y los injustos castigados. Después de esto, las almas regresan a una pradera, donde se preparan para encarnar de nuevo en la tierra. Er afirma que este proceso es, en su mayor parte, autodeterminado. Las almas eligen el daimon que las guiará y el patrón de la vida que vivirán.
«Vuestro daimon o espíritu guardián no os será asignado por sorteo; lo elegiréis vosotros… La virtud no conoce amo; cada uno la poseerá en mayor o menor grado según la valore o la desdeñe. La responsabilidad recae en quien elige; el dios no tiene ninguna.»La República de Platón, X, 617e
Así pues, en esencia somos los artífices de nuestro propio infierno o cielo por los pensamientos y las acciones en que participamos, y según sigamos o no las virtudes divinas desinteresadas.
«Así, la gente elige la vida que va a habitar basándose en sus experiencias previas y en lo que cree que constituye una buena vida. Por ejemplo, el burlón Tersites elige la vida de un mono; Agamenón, recordando sus sufrimientos como hombre, elige en cambio la vida de un águila; y Odiseo, que antes había vivido una vida notable y había sufrido por ello, eligió en cambio “la vida de un particular que hacía su propio trabajo”.»La República de Platón, 620c-d
Platón aclara que el karma es una fuerza universal a la que no podemos escapar, y que somos responsables de cada acción o inacción. Como dice el Corán, no seremos injustamente tratados ni en el filamento de un hueso de dátil.
En La República de Platón:
«Creeremos que el alma es inmortal y capaz de soportar todo mal y todo bien, manteniéndonos siempre en el camino ascendente, practicando la justicia con razón de todas las maneras. De ese modo seremos amigos tanto de nosotros mismos como de los dioses mientras permanezcamos aquí en la tierra y, después —como los vencedores de los juegos que van recogiendo sus premios—, recibiremos nuestras recompensas. Así, tanto en esta vida como en el viaje de mil años que hemos descrito, nos irá bien y seremos felices.»La República de Platón, X, 621c-d
El filósofo griego, el profeta Aristóteles, aclaró cómo el alma era la primera causa del reino material.
«El alma es, por así decirlo, el primer principio de los seres vivos. Procuramos contemplar y conocer su naturaleza y su sustancia.»Sobre el alma, Aristóteles, Libro 2
Aristóteles habló de cómo el alma está envuelta por la materia, y de que el principio animador es la psique. Reflexionó sobre cómo la forma es como un hacha, cuyo cuerpo es de metal y madera, pero que necesita tener una capacidad activa de cortar leña, una conciencia y una habilidad para hacerlo. En este sentido, el alma de los seres vivos se convierte en la cualidad (o cualidades) que los diferencian de los seres inertes.
«El alma es una actualidad o esencia formulable de algo que posee la potencialidad de tener alma.»Sobre el alma, Aristóteles, Libro 2
Por lo tanto, la vasija puede ser animada por un alma por voluntad de Dios. Cabe destacar que, en relación con las enseñanzas de Hermes, vemos cómo el propio Aristóteles planteó también la teoría tripartita de la fuerza del alma en el mismo sentido, es decir, la parte nutritiva animista básica, la percepción o raciocinio, y el intelecto divino.
«No debemos obedecer a quienes nos dicen que un hombre debe pensar pensamientos de hombre, y un mortal pensamientos de mortal. Al contrario, debemos esforzarnos, en la medida de lo posible, por hacernos inmortales y por hacer todo lo que podamos para vivir de acuerdo con lo más elevado que hay en nosotros.»Ética a Nicómaco, Aristóteles, X.7.1177 b 32
Aristóteles dejó sumamente claro que la Eudaimonia, o estado de vida buena, solo podía alcanzarse trabajando de manera desinteresada e incondicional por la comunidad. Por tanto, viviendo de acuerdo con un código moral desinteresado y sometiendo los deseos bajos en la medida de lo posible.
El alma en el hinduismo
Si nos volvemos ahora hacia los profetas orientales de Dios, encontramos el mismo patrón desarrollándose a través de los textos védicos y las palabras de Rama, Vishnu y Krishna, de Hindustán. El Atman o alma es, una vez más, la esencia o aliento de vida, un fragmento de la única verdad del alma universal. El alma universal o Atman se condensa en un alma individual llamada Jiva, y su experiencia queda encerrada en envolturas, como nuestro cuerpo físico (Ropa), que nuestra conciencia habita. Este es el aspecto incondicionado de la verdad, vinculado al Uno Absoluto, el Ain Soph, más allá de las palabras, anhelando regresar a la fuente o a Dios. Se expresa como una chispa divina dentro de nosotros:
«Atman, en Sí mismo, es el Ser inefable, el que está más allá del tiempo y de la eternidad, sin fin de días. No muere, ni reencarna (lo que vuelve es el ego), sino que Atman es absolutamente perfecto.»Atman, Samael Aun Weor
Cuando dormimos, el alma se proyecta fuera del cuerpo y sueña más allá, otro velo que se levanta hacia el mundo astral de las formas divinas. Jiva desciende al cuerpo o vasija para reconocer la impermanencia de la naturaleza ilusoria de este mundo, y para reconocer que nuestra conciencia no es el cuerpo, sino una extensión de Atman, que a su vez es una extensión del Paramatman (el yo supremo), desplegando niveles como se despliega una flor de loto.
«El alma se despliega a sí misma, como un loto de innumerables pétalos.»El Profeta, Kahlil Gibran
Aquí se revela una cadena divina que une al hombre con Dios, brotando hacia afuera desde dentro hasta el alma, el espíritu y el cuerpo.
El yo inferior es ignorancia, que se expresa como superior o inferior, atribuida al falso ego, a menudo divisiva. El alma es el ser que trasciende el ego y la personalidad. Sabios como Rama veían como ignorante que los humanos se asociaran con las propensiones animales del yo y del cuerpo. Krishna, como Platón, habló largamente del auriga que representa la fuerza del alma universal, intentando ayudar a Arjuna (el jinete) como iniciado a domar los sentidos salvajes del ego. El yo razonable de Arjuna hace bien en prestar atención y seguir esta fuerza divina, rechazando su yo salvaje e indisciplinado. Es notable cómo esto vuelve a configurarse con el sistema tripartito del alma del que ya hablamos en las tradiciones de la antigua Grecia.
Rama habló de la importancia del autocontrol para permitir que el alma brille a través de los velos de nuestra propia ignorancia: si nos apartamos de la verdad, caemos en la ignorancia y el yo animal toma el control.
«El autocontrol es la verdadera fuerza del guerrero. Así como la gente teme a las serpientes, teme a quienes pronuncian mentiras. La verdad gobierna este mundo y el dharma está enraizado en la verdad.»Ramayana
Cuando estamos llenos de espíritu, somos capaces de realizar hazañas aparentemente imposibles, pues en tales estados nos fortalece la etérea fuerza del alma.
«El entusiasmo es un poder noble y poderoso; no hay mayor fuerza que el entusiasmo. Para el entusiasta, nada en el mundo es difícil.»Ramayana
El aspecto clave para liberar la fuerza del alma que hay en nosotros es entregar nuestra voluntad a Dios y someternos a quien Dios envía como el Kristos o Krishna de nuestra era, y dejar que sea nuestra guía y nuestro apoyo.
Krishna habló en el punto álgido de las tensiones de Arjuna ante la perspectiva de enfrentarse a su propia carne y sangre en la batalla por la verdad y la justicia:
«No te aflijas, amigo mío; entrégate a Mí y Yo te liberaré de todo pecado y de toda pena.»Bhagavad Gita, Capítulo 18, Verso 66
El Señor prescribe aquí al mundo la forma más sencilla de disciplina como el medio supremo de la Liberación definitiva.
Por lo tanto, debemos, como Arjuna, tomar la guía del avatar divino que se nos envía y usar la razón y procurar controlar la mente y los sentidos para trascender y hacernos uno con Brahman, la conciencia completa. Todo es común y está unificado en el aspecto central del alma o Atman, mientras que el mundo mundano y temporal se compone de distintos yoes con nacionalidades, tribus, razas, colores y credos propios, y con personas juzgadas, y que juzgan a otras, por su posición y su ocupación. En realidad, este mundo es ficticio, de formas bajas, y la conciencia pura esencial en el corazón de todo hombre deriva de Atman o alma universal.
Esta esencia divina trasciende los mundos mundanos, es inexpresable, indescriptible, pacífica y dichosa. La Meta del Sabio es unificar todas estas partes de nosotros mismos en un todo consciente, con el Atman o alma universal, para que podamos realizar nuestra verdadera naturaleza procedente de Dios y para que el alma se unifique con Brahma. Manifestar aspectos de ello y alcanzar la perfección, la dicha y la unión con lo infinito. Solo entonces puede reinar la dicha eterna en el corazón del hombre, formar el yo eterno, mediante este aspecto divino de la autorrealización.
Como declaró Ali ibn Abi Talib, el Príncipe de los creyentes:
«Conócete a ti mismo y conocerás a tu Señor.»
Esta búsqueda de la unión con el Absoluto debe llevarse a cabo contra viento y marea, a pesar de nosotros mismos, como un gran sacrificio del yo por el bien mayor de la humanidad y la justicia, abrazando todos los dolores. De nada te servirán todas las conferencias y todo el conocimiento si no practicas la autorrealización, reconociendo que contenemos la chispa divina inmortal que reside dentro.
El alma y el Señor Buda
«“Cada alma es potencialmente divina”. La meta es manifestar la divinidad interior, controlando la naturaleza, externa e interna.»Comentario sobre el Yoga Sutra, Swami Vivekananda, 11.25
«[Hay] una semilla dentro de cada ser humano. Algunas personas son capaces de sacarla y acentuarla. Y otras no son capaces de hacerlo. Todo el asunto se remonta al propio ser humano. Hay quienes no son capaces de hacerlo, porque no quieren, o porque no lo han intentado.»Dichos de Ahmed Al-Hassan, p. 84
En el budismo, la fuerza del alma anima una vasija o avatar. El alma viste diferentes trajes y se los quita a voluntad para pasar a otra vasija más adecuada para el objetivo o la misión en curso, mientras que el cuerpo o la materia regresa de donde vino: a la tierra, a las cenizas y al polvo.
Las religiones orientales nos enseñan que, en realidad, si afirmamos ser espirituales o religiosos pero estamos apartados del punto verdaderamente fundamental del Espíritu, de la chispa divina que resuena dentro de nosotros, entonces solo estamos rindiendo un homenaje de labios a este principio divino. En este estado de conciencia, lo más probable es que nos comportemos más como eruditos inactivos, centrados únicamente en la letra de la ley y en las cortezas de la religión, las prácticas rituales de la fe. Debemos despertar en este mundo mundano, ante todo, al hecho de que nuestra conciencia no es nuestro cuerpo, sino la fuerza del alma, o aspecto sublime que migra al siguiente cuerpo.
El Señor Buda, en el Sutra del Loto, nos advierte de los peligros de seguir a nuestros yoes animales.
«Sé que estos seres vivos nunca han cultivado buenas raíces. Están firmemente apegados a los cinco deseos y, por estupidez y amor, se afligen. A causa de todos sus deseos, caen en los tres malos caminos, giran en la rueda de los seis destinos, sufriendo una miseria absoluta.»Sutra del Loto, Capítulo 2
El alma en las fuentes judías
Cuando nos volvemos hacia el pensamiento gnóstico judío, los paralelismos se reafirman de nuevo en el Libro del Esplendor o Zohar, donde reaparece el alma tripartita. Los gnósticos judíos enseñan que debemos aspirar a ser como Dios, a manifestar aspectos divinos a la humanidad para que la semilla potencial que hay en nosotros pueda desplegarse, reflejando los atributos de un mensajero divino. Así fue como los discípulos empezaron a reconocer lo divino en Jesús y pudieron manifestar atributos para parecerse más a él en la práctica.
«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.»Biblia, Primera Epístola de Juan, Capítulo 3, Versículo 2
Los místicos judíos, según relata Joshua Abelson (investigador de la mística judía), veían el alma como una trinidad: la Neshāmāh, el elemento racional, como el plano más elevado de la existencia; el Ruacḥ, el elemento moral o racional, que es la sede del bien y del mal, de las cualidades éticas. Por último está el Nephesh, el lado grosero del espíritu, el elemento vital que está en relación con el cuerpo, los instintos y los anhelos de la vida física. Las tres divisiones del alma son emanaciones de las Sefirot (la fuente divina).

La Neshāmāh es el alma en su sentido más elevado y sublime; emana de Chokmah, la Sefirá de la Sabiduría. El Ruacḥ, que designa el alma en su aspecto ético, emana de Tiphereth, la Sefirá de la Belleza. Este espíritu de esfuerzo es el yo emocional o personalidad, que reconoce la distinción entre el bien y el mal. El Nephesh, que es el lado animal del alma, es una emanación de Yesod, la Sefirá del Fundamento, el elemento que más de todos entra en contacto con las fuerzas materiales de la tierra. Es el motor de nuestra vida física, un enfoque en el aspecto mundano, las necesidades básicas del cuerpo, los deseos físicos y los instintos.
Esta trinidad de fuerzas, cuando está en unión, se armoniza y refleja la de los antiguos griegos y egipcios, como se ha comentado antes. La Cábala habla de la chispa o aliento divino, como en el Génesis, donde el propio aliento de Dios anima a los seres humanos, el yo intelectual.
«Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre [del] polvo de la tierra, e insufló en su nariz el aliento [neshamah] de vida; y el hombre se convirtió en un alma [nephesh] viviente.»Biblia, Libro del Génesis, Capítulo 2, Versículo 7
Así pues, el Nephesh es el yo apetitivo que respira, la fuerza vital del ser vivo, la vida inherente en nosotros, el fundamento del cuerpo vital, en el árbol de la vida. Es una urgencia por estar vivo, un apetito de vivir, crudo como una semilla. Este es el pegamento conector o Yesod en este mundo mundano; el Nepesh fluye en tu sangre, es la energía sexual, el sistema nervioso, el impulso de vivir, y solo conoce la sensación al servicio de una naturaleza mecánica. Los seres humanos comparten este aspecto con todos los animales de la naturaleza, esforzándose por obtener más rango, poder, recursos, más atención, y no tienen conciencia del espíritu ni de Dios.
Es evidente que muchas personas, sea lo que sea lo que ganen o acumulen, nunca están verdaderamente satisfechas. El deseo desenfrenado está en el centro de esta inquietud, en el vacío del alma. En la historia judía reflexionamos sobre Sansón persiguiendo obsesivamente a Dalila, Adán tentado por el árbol, los celos de Caín que lo llevaron a matar a Abel: estos son los aspectos de caer en la tentación.
Incluso las plantas y los animales están animados de este modo; una chispa de divinidad los impregna de energía y fuerza vital. La inspiración del compositor da vida a las notas, expresando la visión y el sentimiento del alma interior, que sigue viviendo incluso después de su muerte corporal.
El segundo aspecto, el Ruach, viento o espíritu, es el alma pensante o emocional, nuestra percepción ética, relacionada con nuestra alma humana o Tiphereth, la belleza y la misericordia de nuestro ser más íntimo o Buda. Por lo tanto, debemos esforzarnos por vencer nuestros deseos mediante nuestras acciones; la fe se conoce por nuestras obras. Si quieres una vida espiritual, tales principios serán tu protector y tu asaltante contra tus deseos bajos.
«La fe, si no tiene obras, está muerta por sí misma. 18 Pero alguien dirá: “Tú tienes fe, y yo tengo obras”.»Biblia, Epístola de Santiago, Capítulo 2, Versículo 14
«Mientras mi Neshamah esté en mí, y el Ruach de Eloah (diosa) esté en mi rostro, mis labios no hablarán maldad, ni mi lengua pronunciará engaño.»Biblia, Libro de Job, Capítulo 27, Versículo 3
Así pues, cuando permanecemos atentos y centrados en Dios, alinearemos el alma divina, el yo y el cuerpo para que obren por el espíritu de la verdad: ya no usaremos nuestra energía para hacer daño, mentir o cometer engaño; nuestras palabras se convierten en expresión de la sola verdad. Surge un patrón claro: la meta es entrenar y controlar el Nephesh. Convertir el poder de nuestra sangre y de nuestro aliento de algo que causa sufrimiento en algo que redime el alma, convertir nuestra naturaleza animal salvaje en sabiduría leal para ser un servidor de la luz y de la rectitud.
El Ruach resuena desde la parte más íntima de nosotros, el corazón; la intuición brota, sutil y callada, o conciencia. Por medio de este aspecto percibes si debes actuar o no, si permitimos que el deseo se apodere de nosotros o seguimos la conciencia. En realidad es así de simple, y es una elección.
Vemos el peligro de quienes, acostumbrados al mal, erradican de sí mismos el Ruach, al dedicarse a mentir o a robar. Han cortado la conexión con lo divino. La clave es tener un fuerte sentido de lo correcto y participar en ello incluso cuando nadie mira, para fomentar esta conexión divina. Así, cada vez surge una conciencia más fuerte.
«¿Quién conoce el Ruach de los hijos del hombre que sube a lo alto, y el Ruach de la bestia que baja abajo a la tierra?»Biblia, Libro del Eclesiastés, Capítulo 3, Versículo 21
Aba Al-Sadiq, en sus sermones divinos, nos ha advertido muchas veces de que el yo o nafs es como un toro salvaje que necesita ser domado y puesto bajo control. Por lo tanto, si queremos emular a los profetas y mensajeros, necesitamos sacar a la luz estos rasgos en nosotros mismos; de lo contrario, nos revolcamos en el fango como cerdos.
La Neshama, aliento o viento de vida, discrimina lo real de lo irreal. Es consciente de la divinidad, la conciencia que ve a Dios. La lámpara que proyecta la luz brilla sobre nuestro subconsciente, y de tal divinidad obtenemos visión espiritual.
La Neshamah es consciente de la divinidad y de todo lo que hay por debajo; es consciente de un observador dentro de nosotros. Por lo tanto, somos responsables de nuestras acciones y dueños de nuestro karma, de modo que todo lo que pensamos influye en nuestro ser interior. Queda registrado como parte de nuestro registro de vida; no existimos en una burbuja, todo tiene un efecto sobre el mundo que nos rodea y sobre nuestra conexión con la divinidad.
Por lo tanto, sacamos a la luz lo que hay dentro de nosotros, como dijo Jesús de los malos eruditos de su tiempo:
«¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia de la kardia habla la boca. El hombre bueno, del buen depósito de la kardia, saca cosas buenas; y el hombre malo, del mal depósito, saca cosas malas.»Biblia, Evangelio de Mateo, Capítulo 12, Versículos 34-35
La kardia puede significar «mente, corazón, estómago, centro o parte interior».
Al escuchar tu conciencia, estas partes se conectan entre sí: la Neshamah con el Ruach y el Nepehesh, y la luz se vuelve clara y visible para tu alma. Así pues, la responsabilidad recae en cada uno de nosotros individualmente y como parte del colectivo. Dios nos da el poder de desarrollar nuestras buenas obras mediante esta voluntad; tenemos libre albedrío para iluminar o apagar la luz.
«La נשמת (neshamah) de Adán es una lámpara de Jehová, que escudriña todo lo más íntimo del vientre.»Biblia, Libro de los Proverbios, Capítulo 20, Versículo 27
«Allah es la Luz de los cielos y de la tierra. Su luz es como un nicho en el que hay una lámpara; la lámpara está en un cristal; el cristal es como una estrella brillante, encendida ˹con el aceite de˺ un olivo bendito, ˹situado˺ ni al este ni al oeste, cuyo aceite casi resplandecería, aunque no lo tocara el fuego. ¡Luz sobre luz! Allah guía a su luz a quien Él quiere. Y Allah propone parábolas a la humanidad. Pues Allah tiene conocimiento ˹perfecto˺ de todas las cosas.»Corán, Capítulo 24 (Nur), Versículo 35
La verdadera luz de Dios es el Imam o mensajero guía despierto de nuestra generación, el verdadero arquetipo del héroe, enviado por el único Dios verdadero, alias Jesús o Krishna, cuya luz o conciencia casi resplandece por sí misma. Nuestra meta principal es encontrar a ese hombre o espíritu, sincronizarnos con esa corriente de luz e irradiar desde su luz para convertirnos en una luciérnaga en la noche oscura que ilumine el camino para que otros también lo encuentren y lo sigan.
«Cuando un hombre se duerme, su nechama lo abandona y, ascendiendo a lo alto, da cuenta de sus obras, actos y palabras; por eso está escrito: “Guarda las puertas de tu boca incluso de la que duerme a tu lado” (Miq. VII, 5), aludiendo al alma del hombre.» Rabino Jehuda: «De todo hecho, acto o palabra que un hombre dice o hace, el yo superior o “neshama” tiene que dar cuenta.»Zohar I., 119b. col. 475; Qabbalah, 412
Lo grave de este pensamiento es que seremos considerados responsables de nuestras obras, así que haríamos bien en llegar a Dios con un historial de obras limpio y sin amargura ni resentimiento hacia los demás.
«Son tres: una para vestir con esa prenda el espíritu Rua’h, que está en el jardín (del Edén) en la tierra; otra, más preciosa que todas, en la que la Neshamah se viste en ese Haz de Vida, entre los ángeles de los Reyes… ; y una prenda exterior, que existe y no existe, se ve y no se ve. En esa prenda se viste el Nephesh, y va y vuela en ella, de un lado a otro del mundo.»Zohar I., 119b. col. 475; Qabbalah, 412
Esta sabiduría reflexiva revela la filosofía del alma de los santos anteriores; el triángulo divino se forma dentro de nosotros. La ascensión del hombre se logra mediante el aspecto ético del Ruach alineándose con el alma. Aunque el yo animal, el Nephesh, necesita ser sometido, los tres deben estar en equilibrio para que la misión tenga éxito.
Quien ha alcanzado esta etapa de desarrollo espiritual en la vida superior y divina encontrará una porción eterna en el mundo venidero. Cuando está unificado y fundido en uno, el ser perfeccionado prosigue su ascenso eterno hacia el Santo, pues del divino procede el espíritu, y al divino regresará con el tiempo. Esto es, pues, lo que el salmista quería decir con «Mi alma te anhela en la noche», es decir, desea ascender a su fuente y no permitirá que nada la desvíe de su curso.
De nuevo esto nos recuerda la historia de los dos lobos que Aba Al-Sadiq comentó, en la que hay lobos que luchan dentro del ser humano. Uno de ellos está lleno de ira, celos, deseos y apetitos desmedidos, y amargura, y el otro lobo está lleno de amor, misericordia, perdón, paciencia y esperanza, y el que gana es el que más alimentas.
Asimismo, el sabio consejo del Imam Jafar Al-Sadiq es centrar el yo racional en los soldados de la luz para vencer a los soldados de la ignorancia: al expresar actos de valentía disolvemos la cobardía, al ser pacientes superamos la precipitación. Al afrontar y superar adversidades dolorosas aprendemos a obtener esperanza sobre la desesperación. En cada caso hacemos crecer el yo animoso para que esté en unísono con el alma universal.
El alma está encerrada en el cuerpo como parte de una prueba, y nuestro desafío es actualizar y realizar su verdadero potencial. De ahí la necesidad de encontrar un avatar divino que ya haya alcanzado este matrimonio divino, alias Enoc o Thot o Aba Al-Sadiq hoy, para guiarnos sobre la mejor manera de superar estos desafíos y practicar esta alquimia del alma. Una vez que comprendemos que el verdadero mundo de las formas es inmaterial, la Meta del alma sabia es acumular buenas obras, o créditos, no cosas materiales que se desvanecen. El progreso se logra entrenándonos a nosotros mismos y a nuestra ética, el Ruach o conciencia, para que a su vez doméstique al yo animal. Por ello, Ahmed Al-Hassan el Yamaní enseñó, en este séptimo pacto divino, el perfeccionamiento de la moral y de los modales, para que el alma se fortalezca, se vuelva radiante y resplandezca.
Somos lo que hacemos repetidamente, así que la excelencia es un hábito, dijo Aristóteles, que fue él mismo un profeta desconocido de Dios. El propio profeta Muhammad fue un gran ejemplo de este lema y llegó a ser conocido como el más honesto y digno de confianza de su comunidad. Abrazó el Yihad Nafs y ganó la gran batalla hasta tal punto que su propio nafs estaba en completa sumisión a él. Hacía lo contrario de lo que su propio nafs pedía. Si sentía hambre, ayunaba; si estaba cansado, se mantenía despierto; y cuando su reputación era atacada salvajemente, soportaba e incluso ayudaba a sus propios detractores y enemigos a superar sus propios defectos haciendo brillar su luz. Mohammed fue el caballero supremo que mató a los señores oscuros de sí mismo y condujo a la gente a una nueva conciencia de paz y luz.
Al hacerlo nos mostró un camino por el cual también tenemos la oportunidad de convertirnos en socios de Dios en la creación, mitzvot, conectando con Dios, el espíritu y el alma en el mundo mundano. Esta es, en verdad, la gran prueba y el gran logro.
Al alcanzar el súmmum de este estado espiritual, el adepto dedicado y sincero ya no está en prueba aunque permanezca en el reino mundano, pues ya no está apegado ni sujeto por sus deseos y apetitos, ni al resultado de sus acciones. El metal del alma ha experimentado ahora un cambio alquímico, con sus impurezas eliminadas por una serie de encarnaciones en las que ha sido probado, calentado y moldeado hasta alcanzar una forma sublime y divina, para llegar al gran tiempo de la Raja o Retorno, un tiempo profetizado en la escatología de todas las religiones divinas, cuando la verdadera justicia erradicaría toda tiranía en el mundo.
La Meta del Sabio en los Últimos Tiempos
De Aba Abdillah Al-Sadiq: «En verdad, los primeros en volver a este mundo son Al-Hussein hijo de Ali y sus compañeros. Y Yazeed hijo de Muawiya. Y de cierto los matará ojo por ojo.» Entonces Abu Abdillah recitó: «Luego os devolvimos la victoria sobre ellos. Y os reforzamos con riquezas e hijos y os hicimos más numerosos en hombres.» (Corán 17:6)Bihar Al-Anwar, Al-Allamah Al-Majlisi, Vol. 53, p. 76
Esta es la era en que vivimos hoy, cuando la mayoría se ha cegado por sus deseos desmedidos, apáticos ante la verdad y la justicia, y ha perdido la conexión con su yo animoso y con la fuerza del alma. Este es nuestro tiempo, como fue profetizado, en el que habría guerras, rumores de guerras, hambrunas y pestilencias como nunca antes. Aunque también es el tiempo en que los mejores de los mejores —los 10 313 y los 124 000 mensajeros y profetas, almas de todas las épocas y de todos los puntos del globo— se reúnen en torno al Levantado de la Verdad, Aba Al-Sadiq. Él es el defensor y compañero de las almas, el Thot, Enoc, Mahdi o Metatrón de nuestra era, el alma perfeccionada que ya ha superado la gran prueba del alma, que se ha alineado solo con la voluntad de Dios, ha trascendido lo mundano y ha aniquilado el miedo a la muerte.
Él es aquel mencionado por el Imam Jafar Al-Sadiq que tiene la capacidad divina de revelar a los compañeros del Levantado de la Verdad a qué almas pertenecen, una señal segura de que su afirmación es veraz y de que este es el pacto final del alma.
El Imam Al-Sadiq dijo: «En verdad, Dios escogió entre las almas en las sombras y luego las hizo entrar en los cuerpos, y si nuestro Qaim emerge, hará que el hermano herede del hermano con quien Dios lo emparejó en las sombras, y no lo hará heredar de su hermano físico; conócelo por eso, y a quien lo conozca por eso no le quedará sobre él prueba más fuerte.»Al-Haft Al-Shareef, Al-Mufaddal ibn Omar Al-Jofi, traducido por Abdullah Hashem Aba Al-Sadiq, Puerta 66, p. 367
Hoy vemos cómo estas almas compañeras, leales y decididas, ya han comenzado a reunirse en torno al Levantado de la Verdad, Aba Al-Sadiq, como constelaciones de estrellas y cúmulos de creyentes. Este es un reflejo especular del mundo de los átomos o de las estrellas de arriba, el espacio original para la prueba de las almas; 12 planetas cercanos, y muchas otras lunas y estrellas, sometidos al Imam de nuestro tiempo, el planeta Marte, que es Aba Al-Sadiq, y en órbita alrededor de él. Ahora hacen brillar su luz en una simetría cósmica con las estrellas de arriba; el mundo mundano se fusiona con el mundo de los átomos al final del Kali Yuga, la era de la oscuridad, y está comenzando el establecimiento de una nueva edad de oro en la tierra, el Satya Yuga o Edad de Oro de la Verdad.
La Meta del Sabio que Aba Al-Sadiq esboza hoy es alcanzar el estado divino de Adán y Eva, un estado edénico de pureza, el estado primordial dentro de nosotros mismos, dando la victoria a nuestras almas o conciencia de Dios. Esto nos recuerda de nuevo que la aparición del Mahdi o iluminado no es una resistencia pasiva sino una postura revolucionaria y sentida de corazón para rechazar la tiranía y trabajar por un nuevo orden divino y cómplice, como propone hoy el Manifiesto del Mahdi. La clave subyacente es saber que este cambio alquímico opera en un nivel fractal, primero dentro de cada uno de nosotros, luego entre nosotros como comunidad y por último en el mundo más amplio que nos rodea. Se trata de establecer un estado ideal en el que la única distinción en la posición de las personas se base en su devoción a Dios y su sumisión a Su causa; donde nuestros pensamientos sobre el antiguo credo, color, posición o género se disuelvan en la nada.
Así pues, nos corresponde a cada uno de nosotros someter los deseos desmedidos para cosechar nuestros buenos caracteres para la mejora práctica de la humanidad, ofreciendo nuestras almas para la misión de Dios. Esto significa utilizar todas nuestras habilidades y trabajar para unirnos con la fuerza de nuestra alma, pulir el diamante que llevamos dentro y sacarlo a la luz para el bien de la humanidad. Sabed que sois polvo de estrellas y dejad que las chispas resuenen y resplandezcan por Dios y por su mensajero de hoy, Aba Al-Sadiq, el Padre de la Verdad y Levantado de la Verdad.