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¿Sobrevivió Jesús a la crucifixión?

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Textos redescubiertos han reavivado una pregunta antiquísima: ¿murió realmente Jesús en la cruz? ¿O es posible que, de algún modo, sobreviviera?

Por Tiffany Oldani

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Durante casi dos mil años, la crucifixión y la resurrección de Jesucristo han sido piedras angulares de la fe cristiana. Según las enseñanzas de la Iglesia, Jesús fue crucificado, murió en la cruz y resucitó de entre los muertos tres días después, asegurando la esperanza de salvación para todos los creyentes. Sin embargo, una fascinante pregunta persiste a través de los siglos: ¿murió realmente Jesús en la cruz? ¿O es posible que, de algún modo, sobreviviera?

En los últimos años, este antiguo misterio ha resurgido, alimentado por el descubrimiento de textos antiguos que cuestionan el relato establecido. Las escrituras islámicas y los escritos gnósticos sugieren que, si bien la crucifixión pudo haber sido presenciada por muchos, la muerte de Jesús quizá no fue tan segura como sugiere la tradición. ¿Podría la muerte más famosa de la historia ser el mayor de los misterios?

Un versículo misterioso y la cuestión de la transmigración

En el Evangelio de Mateo hay un curioso intercambio entre Jesús y sus discípulos que algunos interpretan como una sutil pista de un misterio mayor. En Mateo 16:13-16, Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es él. Sus respuestas son curiosas:

«Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que Jeremías o uno de los profetas».Biblia, Libro de Mateo, capítulo 16, versículos 13-16

¿Qué podría significar esto? La sugerencia de que Jesús pudiera ser Juan el Bautista, que había muerto poco antes de esta conversación, plantea la posibilidad de un concepto presente en el pensamiento antiguo: la transmigración de las almas, o metempsicosis, la idea de que un alma pueda pasar de un cuerpo a otro, incluso entrando en un adulto. Este concepto abre la puerta a una lectura alternativa del relato de la Pasión.

La perspectiva islámica: «No lo mataron»

En la tradición islámica, la creencia de que Jesús no fue crucificado está profundamente arraigada. El Corán presenta un contrarrelato frente a la historia cristiana, afirmando que Jesús no fue muerto ni crucificado, sino que así se les hizo parecer a los presentes:

«Y por decir: En verdad, hemos matado al Mesías, Isa, hijo de María, el apóstol de Allah; y no lo mataron ni lo crucificaron, sino que se les hizo parecer así (como Isa), y en verdad quienes discrepan acerca de ello solo están en duda; no tienen conocimiento al respecto, sino que solo siguen conjeturas, y ciertamente no lo mataron».Corán, capítulo 4 (Al-Nisa), versículo 157

Este versículo pone en duda la muerte literal de Jesús, sugiriendo en cambio que lo que la gente presenció fue meramente una ilusión o un sustituto en lugar de Jesús. Queda la pregunta: si Jesús no fue muerto, ¿qué ocurrió exactamente? ¿Cómo se hizo parecer que había sido crucificado?

A este misterio se suma otro versículo coránico que insinúa una larga vida para Jesús:

«Y hablará a la gente en la cuna y en la vejez, y (será) uno de los justos».Corán, capítulo 3 (Al-Imran), versículo 46

La referencia a su «vejez» sugiere una vida mucho más larga que los 33 años que tradicionalmente se creen. El relato coránico parece implicar que la partida de Jesús de este mundo ocurrió mucho después de la crucifixión. Quizá sorprendentemente, esta creencia de que Jesús se libró de la muerte se originó en los primeros textos cristianos.

La perspectiva «gnóstica»: ¿una fuga secreta?

La idea de que Jesús no murió en la cruz plantea un desafío directo a la ortodoxia cristiana. Los primeros concilios de la Iglesia, en particular el Concilio de Nicea del año 325 d. C., procuraron consolidar ciertas doctrinas, entre ellas la divinidad de Cristo y la creencia en su resurrección corporal. Otros textos, como los llamados «evangelios gnósticos», que presentaban relatos contradictorios de la muerte de Jesús, fueron considerados heréticos y en gran parte destruidos. Pero en 1945 se descubrieron copias de estos textos en Egipto. Resulta fascinante que su descubrimiento coincida con la época en que ha surgido el Qaim.

El Corán presenta dos ideas críticas: que Jesús no murió, pero que pareció que sí. ¿Podría esto sugerir una separación entre el cuerpo físico de Jesús y su alma? ¿Pudo la crucifixión afectar solo al cuerpo, mientras su alma seguía viva? Curiosamente, varios de los evangelios gnósticos confirman precisamente esta noción. De hecho, estos textos revelan más detalles sobre la historia.

En El Apocalipsis de Pedro, Jesús dice:

«Aquel a quien viste en el árbol, alegre y riendo, este es el Jesús viviente. Pero este en cuyas manos y pies clavan los clavos es su parte carnal, que es el sustituto puesto en vergüenza, el que vino a la existencia a su semejanza. Pero míralo a él y a mí».El Apocalipsis de Pedro, capítulo 81, versículos 15-23

Aquí, el «Jesús viviente» se entiende como el alma eterna, mientras que la figura de la cruz es un sustituto, alguien que asumió el cuerpo de Jesús.

De manera similar, en El Segundo Tratado del Gran Set, se dice que Jesús escapó de la muerte mediante la transmigración:

«No morí en realidad sino en apariencia, para no ser puesto en vergüenza por ellos… Fue otro, Simón, quien llevó la cruz sobre su hombro. Yo era otro sobre quien pusieron la corona de espinas».El Segundo Tratado del Gran Set

Este pasaje nombra a Simón de Cirene, una figura mencionada en los Evangelios canónicos, como el que cargó con la cruz física. En el Nuevo Testamento leemos:

«Cuando salían, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, a quien obligaron a llevar su cruz».Biblia, Libro de Mateo, capítulo 27, versículo 32

¿Podría ser que Simón no solo llevara la cruz de Jesús, sino que también se convirtiera en su suplente durante la crucifixión? Según los textos gnósticos, el cuerpo de Simón fue utilizado como sustituto, mientras el alma de Jesús pasaba a otro cuerpo.

Transmigración: ¿el alma de Jesús en un nuevo cuerpo?

En El Segundo Tratado del Gran Set, Jesús habla de entrar en otro cuerpo tras abandonar el suyo:

«Visité una morada corporal. Expulsé al que estaba en ella primero, y entré. Y toda la multitud de los arcontes se turbó. Y toda la materia de los arcontes, así como todos los poderes engendrados de la tierra, se estremecieron cuando vieron la semejanza de la Imagen, pues estaba mezclada. Y yo soy el que estaba en ella, no pareciéndome a aquel que estaba en ella primero… Y sometí todos sus poderes. Pues al descender, nadie me vio. Porque yo alteraba mis formas, cambiando de forma en forma. Y por eso, cuando estaba en sus puertas, asumí su semejanza. Pues pasé junto a ellos en silencio, y contemplaba los lugares, y no tenía miedo ni vergüenza, porque estaba inmaculado. Y hablaba con ellos, mezclándome con ellos por medio de los que son míos, y pisoteando con celo a los que son duros con ellos, y apagando la llama. Y hacía todas estas cosas por mi deseo de cumplir lo que deseaba por la voluntad del Padre de arriba».El Segundo Tratado del Gran Set

Puede sonar sorprendente para el cristiano moderno; sin embargo, estas ideas eran bien conocidas y circulaban ampliamente en las primeras comunidades cristianas, como lo evidencian los escritos históricos. Por ejemplo, en el Evangelio de Basílides, san Ireneo informó de que Basílides enseñaba que Jesús no murió en la cruz, sino que la persona crucificada fue, en realidad, Simón de Cirene. Ireneo cita a Basílides:

«Apareció en la tierra como hombre e hizo milagros. Así, él mismo no padeció. Más bien, un tal Simón de Cirene fue obligado a llevar su cruz por él. Fue este quien, por ignorancia y error, fue crucificado, siendo transfigurado por él, de modo que se pensara que era Jesús. Además, Jesús asumió la forma de Simón, y se quedó allí riéndose de ellos».Contra las herejías, Ireneo

Esta noción de que el alma de Jesús pudiera abandonar su cuerpo y habitar otro concuerda con el relato coránico de que Jesús murió solo en apariencia. También podría explicar los extraños sucesos posteriores a la resurrección, en los que Jesús se aparecía a sus discípulos pero extrañamente no era reconocible.

Por ejemplo, cuando Jesús se apareció por primera vez a María Magdalena tras la resurrección, ella no se dio cuenta de que era él. Según el Evangelio de Juan:

«Al decir esto, se volvió y vio a Jesús allí de pie, pero no se dio cuenta de que era Jesús. Él le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Pensando que era el jardinero, ella le dijo: “Señor, si te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo recogeré”. Jesús le dijo: “María”. Ella se volvió hacia él y exclamó en arameo: “¡Rabuni!”».Biblia, Libro de Juan, capítulo 20, versículos 14-16

¿Por qué no reconoció María a Jesús, a quien había seguido tan de cerca? ¿Fue porque su apariencia había cambiado?

Apariciones tras la crucifixión: un Jesús irreconocible

Las apariciones de Jesús tras la resurrección descritas en el Nuevo Testamento resultan desconcertantes si se miran desde la óptica de la doctrina cristiana tradicional. Cada vez que Jesús aparece, sus seguidores tienen dificultad para reconocerlo, como si fuera otra persona.

En Juan 21, Jesús se aparece a sus discípulos junto al mar de Galilea, pero no lo identifican:

«Después Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, junto al mar de Galilea… Muy de mañana, Jesús estaba en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús. Él les gritó: “Amigos, ¿no tenéis pescado?”. “No”, respondieron. Él dijo: “Echad la red al lado derecho de la barca y encontraréis”. Cuando lo hicieron, no podían sacar la red por la gran cantidad de peces. Entonces el discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”».Biblia, Libro de Juan, capítulo 21, versículos 1, 4-7
Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: “¿Quién eres?”. Sabían que era el Señor… Esta era ya la tercera vez que Jesús se aparecía a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos».Biblia, Libro de Juan, capítulo 21, versículos 12-14

Los discípulos no reconocieron a su amado maestro ni siquiera la tercera vez que se les apareció tras la crucifixión. ¿Cómo sería posible esto, si no adoptara una apariencia nueva cada vez que los veía? Otros relatos, como la aparición de Jesús a dos discípulos en el camino a Emaús, aportan pruebas adicionales de ello:

«Después se apareció en otra forma a dos de sus seguidores que caminaban de Jerusalén al campo».Biblia, Libro de Marcos, capítulo 16, versículo 12

Los seguidores de Jesús en este relato pasaron el día entero con Jesús antes de darse cuenta de su identidad.

Más allá de los evangelios canónicos encontramos textos apócrifos que indican que Jesús era irreconocible. Un ejemplo es el Libro Secreto de Santiago. Este texto afirma que Jesús se apareció a sus discípulos mucho más de un año después de la resurrección:

«Quinientos cincuenta días después de resucitar de entre los muertos, le dijimos: “¿Te marchaste y nos dejaste?”. Jesús dijo: “No, sino que regresaré al lugar del que vine. Si queréis venir conmigo, venid”».El Libro Secreto de Santiago

Este pasaje sugiere que Jesús no abandonó el reino terrenal, sino que existía en otra forma, en otro lugar, a la espera del momento oportuno para regresar. Otra aparición inexplicable de Jesús se relata en Los Hechos de Pedro y los Apóstoles, donde los discípulos se encuentran con un vendedor de perlas llamado Litargoel y lo siguen en un largo viaje. Tras pasar con él una cantidad considerable de tiempo, descubren que, después de todo, no era un vendedor de perlas.

«Dijo a Pedro: “¡Pedro!”. Y Pedro se asustó, pues ¿cómo sabía que su nombre era Pedro? Pedro respondió…: “¿Cómo me conoces, si has dicho mi nombre?”. Litargoel respondió: “Quiero preguntarte quién te dio el nombre de Pedro”. Él le dijo: “Fue Jesucristo, el hijo del Dios viviente. Él me dio este nombre”. Él respondió y dijo: “¡Soy yo! Reconóceme, Pedro”. Soltó la vestidura que lo cubría —aquella en la que se había transformado por nosotros—, revelándonos en verdad que era él».Los Hechos de Pedro y los Apóstoles

Todos estos relatos demuestran claramente que el alma de Jesús escapó de la crucifixión y siguió viva. Mientras tanto, el hecho es que su cuerpo fue crucificado. Entonces, ¿quién fue el sustituto al que aluden las escrituras, el que cargó con la cruz?

¿Quién fue el doble de Jesús?

En el Evangelio de Marcos, Jesús dice:

«Quien quiera ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará».Biblia, Libro de Marcos, capítulo 8, versículos 34-35

El único seguidor de Cristo que hizo precisamente eso fue Simón de Cirene. Acudió en ayuda de Jesús en su hora de necesidad. La idea de que Jesús fue ayudado por un seguidor también se encuentra en las narraciones. Cuando Jesús preguntó a sus discípulos cuál de ellos estaría dispuesto a ser crucificado en su lugar, un joven se ofreció voluntario.

«Cuando Allah (SWT) quiso elevar a Jesús hacia Él, reunió a sus compañeros. En la casa había doce hombres de entre los discípulos. Con el cabello y la cabeza goteando agua, Jesús les dijo: “En verdad, de entre vosotros hay quienes dejarán de creer en mí doce veces después de haber creído en mí. ¿Cuál de vosotros estaría dispuesto a tomar mi semejanza y ser muerto en mi lugar, y estar conmigo en el mismo grado?”. Un joven se ofreció voluntario, y Jesús dijo: “Eres tú”».Tafsir Al-Quran Al-Azeem, Ibn Abi Hatem, p. 1110, hadiz 6232

Esta narración sugiere que Jesús ofreció a sus compañeros la oportunidad de asumir su papel y su rango, el rango de un Mahdi. Encontramos el mismo tema en los evangelios de la Biblia, cuando Jesús ora para que le sea quitada la copa. Notablemente, en ese momento se le aparece un ángel para fortalecerlo.

«Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Un ángel del cielo se le apareció y lo fortaleció».Biblia, Libro de Lucas, capítulo 22, versículos 42-43

¿Le negaría Dios a Jesús su petición? Seguramente no. De hecho, el propio Jesús afirma en los Evangelios que posee una autoridad concedida por Dios para elegir si ha de ser muerto o no. Como dice:

«Nadie me quita la vida. Yo la entrego voluntariamente. Porque tengo autoridad para entregarla cuando quiero y también para recobrarla. Esto es lo que me ha mandado mi Padre».Biblia, Libro de Juan, capítulo 10, versículo 18

Jesús aún no había completado su misión de establecer el nuevo pacto. Su súplica de que se le librara de la crucifixión no nació del miedo ni de la vacilación, sino del deseo de cumplir su propósito divino. Desde esta perspectiva, buscó la ayuda de uno de sus seguidores para ocupar su lugar. Esto plantea una pregunta intrigante: ¿quién fue este misterioso sustituto, al que se alude como Simón de Cirene, el joven que se ofreció voluntario o el ángel que fortaleció a Jesús?

Para entenderlo, recurrimos al relato evangélico de la Transfiguración, que ofrece un vislumbre de la naturaleza más profunda y espiritual del discipulado de Jesús. En esta historia queda patente que a Jesús no lo seguían solo discípulos en cuerpos físicos, sino también compañeros espirituales.

«Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, y los llevó aparte a un monte alto. Allí se transfiguró delante de ellos. Su rostro resplandeció como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En ese momento se les aparecieron Moisés y Elías, conversando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: “Señor, es bueno que estemos aquí. Si quieres, levantaré tres cobijos: uno para ti, uno para Moisés y uno para Elías”».Biblia, Libro de Mateo, capítulo 17, versículos 1-4

Por un breve instante, los discípulos de Jesús vislumbraron lo invisible, viendo a Jesús en su verdadera forma de luz junto a Moisés y Elías. Su aparición parecía tan real que los discípulos quisieron construirles tiendas. Esto sugiere que otras almas proféticas también seguían a Jesús. El joven que se ofreció voluntario para ocupar el lugar de Jesús en la cruz estaba entre estos compañeros espirituales.

Según La Meta del Sabio,

«Simón de Cirene, honrado en la Biblia como el único hombre que llevó la cruz de Jesús, era de la ciudad de Cirene, que formaba parte de Egipto antes de pasar a formar parte del Imperio romano. Simón viajó de Egipto a Jerusalén. El alma de José descendió a este hombre egipcio que ayudó a Jesús a llevar su cruz. Jesús y José intercambiaron entonces sus cuerpos; el alma de Jesús entró en Simón, mientras que el alma de José, el sustituto, entró en el cuerpo de Jesús. El cuerpo de Jesús, con el alma de José en su interior, fue crucificado, mientras que Jesús escapó por medio del cuerpo de Simón. Así, el doble de Jesús fue el compañero egipcio, José».La Meta del Sabio, Aba Al-Sadiq, Puerta 12, p. 169

El profeta José fue una encarnación del Segundo Mahdi, Aba Al-Sadiq. Además, por La Meta del Sabio sabemos que José, en el mundo de las almas, es nieto del Imam Ali. Según las narraciones, el profeta Muhammad había rogado que el doble de Jesús fuera un sucesor del Imam Ali.

«Oh Allah, concédele la resistencia de Moisés y haz que en su linaje esté el doble de Jesús».Kitab Al-Ghayba, Al-Numani, vol. 1, p. 142-143

Acerca del que fue crucificado, la Biblia menciona:

«Diciendo a gran voz: “¡Digno es el Cordero que fue inmolado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la bendición!”».Biblia, Libro del Apocalipsis, capítulo 5, versículo 12
«Fue oprimido y fue afligido, pero no abrió su boca; como un cordero que es llevado al matadero, y como una oveja que ante sus esquiladores permanece muda, así no abrió su boca».Biblia, Libro de Isaías, capítulo 53, versículo 7

Se le llama repetidamente cordero o joven.

Otras encarnaciones del doble incluyen:

  • El profeta José: de niño, sufrió la opresión de sus hermanos y el encarcelamiento.
  • Abdullah Hashem: el padre del profeta Muhammad. Uno de sus títulos es Zabeeh (el sacrificado). Estuvo a punto de ser sacrificado por AbdulMuttalib, pero en su lugar se sacrificaron cien camellos.
  • Abdullah Radhiya: el hijo pequeño del Imam Al-Hussein, martirizado en Karbala, que simboliza al cordero degollado.
  • El Qaim, el joven de Bani Hashem: el Imam Mohammad Al-Baqir dijo:
«Allah (SWT) tiene un tesoro en Taliqan, que no es oro ni plata, sino 12 000 hombres de Jorasán. Sus lemas son “¡Ahmad, Ahmad!”. Un joven de Bani Hashem los guiará sobre una mula gris, con un pañuelo rojo, como si lo viera cruzando el Éufrates. Si oyes hablar de él, síguelo, aunque tengas que arrastrarte sobre el hielo».Mutakhab Al-Anwar Al-Muthee'a, p. 343

Claramente, el tema del sacrificio está continuamente presente a su alrededor.

La crucifixión: una expiación por los pecados

Esto plantea una pregunta importante: ¿por qué es necesario un sacrificio? Dado que los cristianos ven la crucifixión como el acto supremo de expiación por los pecados de la humanidad, comprender su significado más profundo es crucial. La Meta del Sabio explora el verdadero significado de la crucifixión y arroja luz sobre su impacto en la humanidad.

De La Meta del Sabio, el Imam Ahmed Al-Hassan explicó:

«La crucifixión y el crucificado fueron un rescate y un sacrificio, y es tal como dicen, para que los pecados de la humanidad sean perdonados, pero no todos. Y no todos los pecados desde el comienzo de la creación hasta el fin. Solo los pecados de las personas que vivieron en aquel tiempo. Los pecados de los creyentes y de todos los que se arrepentían, pero no los pecados de los criminales».La Meta del Sabio, Aba Al-Sadiq, Puerta 13, p. 174

La expiación por los pecados de la humanidad es un concepto profundamente arraigado en las escrituras judías. Youm Kaphour era un día en el que se exigía al sumo sacerdote hacer este sacrificio de una manera muy específica dentro del Santo de los Santos del Templo, una vez al año, en el Día de la Expiación, según lo prescrito en la Torá:

«Aarón hará expiación sobre sus cuernos una vez al año. Con la sangre del sacrificio por el pecado de expiación hará expiación por él una vez al año a lo largo de vuestras generaciones. Es santísimo para el Señor».Biblia, Libro del Éxodo, capítulo 30, versículo 10

El sacrificio se realizaba anualmente para borrar los pecados de los creyentes acumulados durante el año anterior. La energía, según el principio de conservación, no puede crearse ni destruirse. El karma es el mecanismo del universo para devolver la energía que se ha emitido, lo que significa que si el pecado genera cierto tipo de energía, esta acaba volviendo como karma, conforme a la ley universal. Para que los pecados sean perdonados, tienen que ir a alguna parte. Un Hujjah, o profeta, puede cargar sobre sí mismo esta carga para absolver a otros de los efectos que podrían afrontar por sus pecados. Esto nace de su amor y su misericordia por la creación de Dios. El alma de José eligió hacer este sacrificio y, en consecuencia, alcanzó un rango que le permite regresar como Mahdi en este ciclo.

El profundo significado del sacrificio reside en su hermoso acto de desprendimiento. Sin embargo, no absuelve a los creyentes de pecados futuros, como enseña hoy la Iglesia. Las personas responden por sus acciones dentro de su propia época. Así como no se puede juzgar a alguien por un delito aún no cometido, se sigue que no se puede perdonar un pecado aún no cometido.

Este conocimiento es el puente entre el cristianismo y el Islam

El conocimiento compartido por Aba Al-Sadiq ofrece un puente convincente entre el cristianismo y el Islam. Su revelación —que el alma de Jesús siguió viva mientras otro soportaba la crucifixión— ofrece una explicación asombrosa que une los relatos coránico y bíblico de la crucifixión y de los sucesos posteriores.

Jesús «resucitó» y volvió a la vida en un nuevo cuerpo tal como creen los cristianos, y siguió viviendo para hablar a la gente «en la vejez», tal como afirma el Corán. Durante su vida, Jesús estableció el Quinto Pacto entre Dios y la humanidad, no con los israelitas, sino con otra nación, tal como predijo:

«Por eso os digo que el reino de Dios os será quitado y dado a un pueblo que produzca sus frutos».Biblia, Libro de Mateo, capítulo 21, versículo 43

Esta nueva nación eran los ismaelitas, otro cumplimiento de las palabras de Dios en la Torá:

«Y en cuanto a Ismael, te he oído: ciertamente lo bendeciré; lo haré fructificar y multiplicaré en gran manera su descendencia. Será padre de doce príncipes, y haré de él una gran nación».Biblia, Libro del Génesis, capítulo 17, versículo 12

Este cambio explica por qué el Islam surgió donde lo hizo. Mientras que los pactos anteriores se hicieron con los profetas israelitas, el pacto de Jesús se extendió a los ismaelitas. La era de los profetas hebreos concluyó, pero los mensajeros de Dios continuaron. Esta fascinante revelación también explica curiosas narraciones que indican que Jesús vivió en Tikrit, en el actual Irak, pese a que ninguna escritura lo registra allí (Bihar Al-Anwar, vol. 52, p. 375). Esta narración se refiere a los «años perdidos» de Jesús, después de la crucifixión.

Jesús otorgó el pacto a una nueva nación elegida que mantuvo la fe en su mensaje hasta la llegada del siguiente Mensajero de su propio linaje: el profeta Muhammad. Esta transición explica por qué los ismaelitas recibieron al siguiente mensajero de entre ellos, cuyo pacto sería universal.

Con esta revelación, la unidad entre estas dos grandes religiones resulta más clara que nunca. Las enseñanzas de Aba Al-Sadiq no solo aclaran el misterio de la vida y la misión de Jesús, sino que también allanan el camino hacia una mayor comprensión entre el cristianismo y el Islam.

Para profundizar en la crucifixión, la resurrección y los «años perdidos» de Jesucristo, lea La Meta del Sabio, de Aba Al-Sadiq, o vea la serie The School of Divine Mysteries.