Las señales de los Últimos Tiempos están a nuestro alrededor
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Lunas de sangre, olas de calor y terremotos: ¿son los desastres naturales señales del cumplimiento de la profecía divina?
Por Noor Fatimah Ali

Desde las lunas de sangre hasta las olas de calor abrasadoras, nuestro planeta ofrece un espectáculo fascinante y, al mismo tiempo, alarmante. Acontecimientos celestes extraordinarios y fenómenos naturales sin precedentes han captado la atención mundial, suscitando a la vez asombro y preocupación. En enero de 2019, miles de millones de personas miraron al cielo para presenciar la rara «superluna de sangre del lobo», un suceso celeste que siguió a la igualmente notable «superluna azul de sangre» de enero de 2018.


Estos misteriosos fenómenos astronómicos, aunque sobrecogedores, parecen presagiar una tendencia preocupante. Si avanzamos hasta 2024, vemos que el mundo asiste a una implacable ola de calor global. Junio fue el decimotercer mes consecutivo de temperaturas récord, según el Servicio de Cambio Climático de la Unión Europea. Cada mes desde junio de 2023 ha sido más cálido que el mismo mes de años anteriores. 2024 podría convertirse en el año más caluroso de la historia registrada. Mientras el mundo lucha por afrontar episodios sin precedentes de clima extremo, junto con terremotos devastadores y eclipses misteriosos, no podemos evitar preguntarnos si ocurre algo más de lo que advertimos.
Los fenómenos extremos van en aumento
Los desastres naturales y los fenómenos extremos se producen con una frecuencia alarmante. Desde los potentes terremotos que han sacudido regiones enteras, como Turquía-Siria (2023), hasta huracanes devastadores como Beryl (2024) y Sandy (2012), que han azotado las costas, una calamidad sigue a otra en rápida sucesión. La devastación causada por los desastres naturales es abrumadora. Los recientes terremotos de Turquía y Siria se han cobrado más de 55.000 vidas. El huracán Sandy dejó un rastro de destrucción a su paso. Sus efectos los sintieron millones de personas: 8 millones se vieron afectadas por cortes de electricidad y se estimaron 70.000 millones de dólares en daños en todo Estados Unidos. Los incendios forestales calcinan vastas extensiones de tierra y consumen todo lo que encuentran a su paso. En 2023, en la UE se quemó una superficie total aproximadamente el doble de la de Luxemburgo, con un total de 504.002 hectáreas. Adondequiera que se mire, los informes de tsunamis, terremotos, erupciones volcánicas y otros desastres naturales que afectan a distintas partes del mundo dominan los titulares. Aunque algunos puedan argumentar que las calamidades naturales han ocurrido a lo largo de toda la historia, la frecuencia y la gravedad de estos desastres han aumentado drásticamente en las últimas décadas.


Terremoto de Turquía y Siria



Huracán Sandy


Los incendios forestales aumentan en Europa
La escala y la frecuencia de las calamidades naturales
Según el Registro de Amenazas Ecológicas de 2020, el número de desastres naturales se ha multiplicado por diez desde la década de 1960. El Instituto para la Economía y la Paz ofrece datos más detallados, que revelan un aumento desde solo 39 incidentes en 1960 hasta 396 en 2019. Los terremotos son un claro ejemplo de esta alarmante tendencia. Los datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) muestran un aumento notable de la ocurrencia de terremotos entre 1900 y 2008.

Entre los terremotos más devastadores de la memoria reciente figuran el terremoto y tsunami del océano Índico de 2004, que se cobró unas 230.000 vidas en varios países, y el terremoto de Haití de 2010, que causó entre 100.000 y 316.000 muertes. El coste económico ha sido sustancial: solo en 2023, los daños globales por desastres naturales ascendieron a 380.000 millones de dólares.
Está claro que, a pesar de los notables avances en tecnología y en comprensión científica, nuestro mundo asiste a un aumento alarmante de la frecuencia y la intensidad de los desastres naturales. Esto plantea la pregunta: ¿por qué se intensifican estas calamidades pese a nuestro progreso? Los científicos predicen que este aumento de los desastres naturales es consecuencia del cambio climático. El consenso es que el calentamiento global provoca un aumento de los fenómenos meteorológicos extremos y de las consiguientes calamidades naturales que observamos.
Curiosamente, la escalada de estos desastres coincide también con las profecías de distintos sistemas de creencias. Del cristianismo y el islam al hinduismo, muchos textos religiosos describen un periodo de convulsión y de calamidades naturales que precede a una época de gran cambio. Los paralelismos entre estas descripciones de las escrituras y los acontecimientos actuales son profundos e inquietantes, y nos desafían a replantearnos los cimientos de nuestra comprensión.
Los desastres naturales en los textos sagrados
Desde una perspectiva religiosa, la creciente frecuencia y gravedad de los desastres naturales se ven como una prueba de los últimos tiempos. Este sentimiento resuena en las escrituras de muchas religiones, sobre todo en el islam y el cristianismo. El Libro del Apocalipsis, en el cristianismo, predice terremotos, hambrunas y otras calamidades como precursores del apocalipsis y de la Segunda Venida de Cristo.
«Habrá grandes terremotos en diversos lugares, y hambres, y pestilencias; y habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo».Biblia, Libro de Lucas, capítulo 21, versículo 11
En las fuentes islámicas, las calamidades naturales como los terremotos, las inundaciones y los fenómenos celestes como los eclipses se consideran señales de la proximidad del Día del Juicio y del alzamiento del Qaim. El Corán menciona explícitamente estos fenómenos como señales de los últimos tiempos.
«Pregunta: “¿Cuándo será el Día de la Resurrección?”. Cuando la vista se deslumbre, y la luna se eclipse, y el sol y la luna sean reunidos».Corán, capítulo 75 (Al-Qiyama), versículos 7-10
Algunos eruditos musulmanes han interpretado el reciente aumento de los desastres naturales como un cumplimiento de estas profecías.
El Profeta dijo: «La Hora (el Último Día) no se establecerá hasta que el conocimiento (religioso) sea retirado, los terremotos sean muy frecuentes, el tiempo pase deprisa, aparezcan las aflicciones, aumenten los asesinatos y el dinero rebose entre vosotros».Sahih Al-Bukhari, Al-Bukhari, Libro de la Invocación a Alá para la lluvia, Hadiz 31
El Mensajero de Alá dijo: «La hambruna no se desatará por la sequía, sino que habrá hambruna a pesar de las lluvias abundantes, pues nada crecerá de la tierra».Sahih Muslim, Muslim ibn Al-Hajjaj Al-Naysaburi, Libro 54, Hadiz 57
Los mensajeros divinos y las calamidades naturales: un patrón histórico
Un aspecto intrigante y notable, cuando consideramos la religión, es que estos desastres naturales coinciden con la presencia de un mensajero. A lo largo de la historia, los textos religiosos han asociado a menudo el advenimiento de un mensajero divino con la ocurrencia de calamidades naturales. En el Corán se menciona que una grave inundación azotó al pueblo del profeta Noé, que terremotos destruyeron las comunidades de los profetas Lot y Zamud, y que una violenta tormenta devastó al pueblo del profeta Hud.
«Y en (la tribu de) ‘Ad (hay un presagio) cuando enviamos contra ellos el viento mortífero».Corán, capítulo 51 (Al-Dhariyat), versículo 41
Del mismo modo, en tiempos del profeta Moisés se mostraron nueve señales al pueblo del Faraón, entre ellas sequías, inundaciones y plagas. Este patrón de desastres naturales que coinciden con el advenimiento de un mensajero no es exclusivo del islam. En el Libro del Apocalipsis de la Biblia, la llegada de los últimos tiempos está marcada por una serie de acontecimientos catastróficos, como el agua convertida en sangre, plagas de langostas y perturbaciones celestes, semejantes a las plagas de la época de Moisés. En la Biblia leemos:
«Así dice el Señor: “En esto conoceréis que yo soy el Señor: he aquí que yo golpearé con la vara que tengo en la mano el agua que hay en el Nilo, y se convertirá en sangre”».Biblia, Libro del Éxodo, capítulo 7, versículo 17
«Moisés extendió su vara hacia el cielo; y el Señor envió truenos y granizo, y el fuego corrió por la tierra. Y el Señor hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto».Biblia, Libro del Éxodo, capítulo 9, versículo 23
Y en el Corán:
«Y enviamos contra ellos el diluvio, y las langostas, y los piojos, y las ranas, y la sangre como señales distintas».Corán, capítulo 7 (Al-Araf), versículo 133
Quienes rechazaron a los profetas en el pasado se enfrentaron a graves calamidades. Del mismo modo, en esta última era, Dios Todopoderoso nos ha enviado al Mesías Prometido, el Qaim Aba Al-Sadiq, junto con advertencias del pasado sobre la importancia crítica de prestar atención a los mensajeros divinos.



El Imam Al-Baqir dijo:
«Si el Mar de Najaf se seca y pasan cien años después de eso, esperad entonces a un hombre. Se preguntó: “¿Y quién es, oh hijo del Mensajero de Alá?”. Dijo: “Mim y Ha y Mim y Dal” (letras árabes MHMD)».250 señales hasta la aparición del Imam Mahdi, Muhammad Ali Tabatabai, p. 56. Señal 1130
El mar de Najaf empezó a secarse en el año 1887, y la sequedad se completó en el año 1915. Cien años después de 1915 es 2015, el mismo año en que apareció el Imam Mahdi, el 23 de enero, cuando el Qaim Aba Al-Sadiq Abdullah Hashem apareció con el estandarte negro que reza «La lealtad es para Alá» y anunció que era el mensajero del Imam al-Mahdi, el duodécimo Imam, y que su nombre se mencionaba en el Testamento del profeta Muhammad.
Tanto los puntos de vista religiosos como los científicos coinciden en que los desastres naturales van en aumento, sin señales de remitir a pesar de los avances tecnológicos. Aunque la creciente frecuencia se atribuye a diferentes factores, la realidad innegable es que nuestro planeta atraviesa cambios profundos e inquietantes. Llama la atención que esta tendencia coincide exactamente con la profecía divina que anuncia desastres en la naturaleza en los últimos tiempos. Resuena en particular con la advertencia de Jesús de que los últimos tiempos llegarían «como un ladrón en la noche»: de forma repentina e inesperada. Del mismo modo, los desastres naturales parecen ir acechando a la humanidad, tomándonos por sorpresa, para que acabemos comprobando que los últimos tiempos se han hecho realidad sin que nos diéramos cuenta.
Al afrontar la creciente frecuencia y gravedad de las calamidades naturales en esta era, el pasado nos recuerda que debemos prestar atención al mensajero divino, el alivio prometido que Dios ha enviado en nuestro tiempo para darnos la sabiduría y la fortaleza necesarias para capear las tormentas que nos aguardan.


