Artículo 3 — La Tercera Alianza con Abraham
Abraham frente a Nimrod: el fuego, la Torre de Babel y la Tercera Alianza con Dios
La Meta del Sabio — Puerta Número Tres
Texto leído en español
¿Por qué fue arrojado Abraham al fuego? ¿Cómo llegó a ser un Imam? ¿Y qué significa la promesa divina hecha a su descendencia?
Abraham ocupa un lugar central en el judaísmo, el cristianismo y el islam. Sin embargo, su historia no se reduce a la ruptura con la idolatría.
En la tercera Puerta de La Meta del Sabio, su trayectoria se presenta como una etapa fundamental en la evolución de las Alianzas entre Dios y la humanidad.
Esta Puerta explora, en particular, los vínculos entre el fuego, Nimrod, la Torre de Babel, el Imamato y la transmisión de la autoridad divina.
1. El fuego: un símbolo antiguo con significados opuestos
El capítulo comienza volviendo sobre el papel del fuego en las primeras tradiciones religiosas.
Según una narración atribuida al Imam Al-Sadiq, Caín habría interpretado la aceptación de la ofrenda de Abel como una forma de adoración del fuego.
Esta incomprensión habría contribuido al desarrollo de prácticas religiosas desligadas de su significado inicial.
El libro establece también una comparación con el zoroastrismo.
Presenta a Zoroastro como un profeta cuyas enseñanzas habrían sido deformadas progresivamente por algunos de sus sucesores.
Esta interpretación permite al autor distinguir el símbolo religioso del objeto de adoración.
El fuego puede representar una manifestación o un signo, sin ser él mismo la divinidad.
2. Abraham y el rechazo de la idolatría
Abraham aparece en un mundo dominado por poderes religiosos y políticos que pretenden determinar lo que los hombres deben adorar.
Nimrod encarna esa autoridad.
El libro acerca su historia a un relato del Midrás en el que Abraham se niega a adorar el fuego e interroga sucesivamente el poder del agua, de las nubes y del viento.
El razonamiento de Abraham pone de manifiesto una contradicción fundamental: ¿por qué adorar un elemento de la creación cuando este depende a su vez de otras fuerzas?
Esta reflexión va más allá de la idolatría antigua.
Plantea una pregunta siempre actual: ¿convertimos ciertas realidades materiales, instituciones o autoridades humanas en absolutos a los que concedemos una confianza excesiva?
3. El horno de Nimrod
Ante la negativa de Abraham, Nimrod opta por la violencia.
El profeta es arrojado al fuego.
Sin embargo, según los relatos religiosos que se movilizan en esta Puerta, las llamas no lo consumen.
El libro interpreta este suceso como una demostración de la impotencia de Nimrod ante la voluntad divina.
El poder político puede imponer una prueba, pero no posee la autoridad última sobre el destino del mensajero.
El relato se convierte también en una lección sobre la fidelidad a las convicciones.
Abraham no renuncia a su llamada para obtener la protección del soberano.
4. La Torre de Babel y la dispersión de los pueblos
La tercera Puerta vincula la caída de Nimrod con el episodio de la Torre de Babel.
El relato bíblico presenta a una humanidad que hablaba una lengua común y procuraba construir una torre cuya cima alcanzara los cielos.
En la interpretación del libro, esta empresa simboliza el orgullo de una civilización que pretende elevarse con independencia de Dios.
La confusión de las lenguas y la dispersión de los pueblos se presentan entonces como consecuencias de esa rebelión.
Este episodio permite examinar un tema recurrente: la diferencia entre una civilización materialmente poderosa y una civilización verdaderamente guiada por la sabiduría.
Una sociedad puede lograr proezas técnicas y alejarse, al mismo tiempo, de sus responsabilidades morales.
5. De siervo a Imam: las etapas de la elevación de Abraham
Una de las enseñanzas principales del capítulo se refiere a los distintos rangos espirituales de Abraham.
Una tradición atribuida al Imam Al-Sadiq describe una progresión: Abraham se convierte primero en siervo, luego en profeta, mensajero, amigo de Dios y, por último, Imam.
Esta sucesión es importante.
Presenta el Imamato como una responsabilidad particular, distinta de las etapas que lo preceden.
El Imam no es simplemente una persona sabia o respetada.
En la perspectiva del libro, es un guía a quien Dios confía una autoridad sobre los hombres.
La Tercera Alianza establece así un principio que atravesará toda la obra: la guía divina descansa en una designación y no solo en el reconocimiento popular.
6. La promesa hecha a la descendencia de Abraham
Abraham pide que esta Alianza alcance también a su descendencia.
Pero la respuesta divina introduce un límite esencial: la Alianza no se extiende a los injustos.
El libro se apoya, en particular, en el Corán, sura Al-Baqarah, versículo 124, para desarrollar esta cuestión.
La pertenencia a un linaje no basta, por tanto, por sí sola para garantizar una autoridad espiritual legítima.
La justicia, la fidelidad y la designación divina siguen siendo determinantes.
Este principio invita a distinguir la herencia familiar de la verdadera sucesión espiritual.
Anuncia los debates posteriores sobre los profetas, los Imams y sus sucesores.
7. Una Alianza que atraviesa las generaciones
El Génesis presenta también la Alianza con Abraham como una promesa destinada a su posteridad.
El libro examina los signos y las obligaciones asociados a esta relación, en particular la circuncisión, así como las cuestiones de descendencia y de sucesión.
La dimensión colectiva de la Alianza se hace aquí más visible.
Ya no se trata solo de la relación entre un individuo y Dios, sino de una responsabilidad llamada a transmitirse.
Sin embargo, esta transmisión no borra la exigencia moral.
La fidelidad a Dios sigue estando en el corazón de la Alianza.
8. Abraham y la libertad espiritual
La historia de Abraham nos sitúa ante una oposición entre dos formas de autoridad.
Nimrod exige sumisión a su poder.
Abraham reconoce una autoridad que lo supera.
Esta oposición recuerda que la fe auténtica puede exigir resistir a las convenciones sociales, al miedo y a las presiones colectivas.
La grandeza de Abraham no reside únicamente en el milagro del horno.
Reside también en su capacidad de negarse a confundir el poder de un soberano con la verdad.
Conclusión — La Alianza no se transmite sin justicia
La Tercera Alianza con Abraham marca una nueva etapa en la relación entre Dios y la humanidad.
Revela la importancia de la designación divina, del rango de Imam y de la responsabilidad ligada a la sucesión.
Recuerda también que el poder material no garantiza ni la verdad ni la justicia.
Abraham nos deja una pregunta esencial: ¿seguimos la verdad porque es justa, o solo cuando es aceptada por quienes nos rodean?
Este interrogante nos conduce hacia Moisés, el Faraón y la Cuarta Alianza.