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Somalia: Nuur Aliyare Saide, torturado y asesinado por su fe

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El 17 de marzo de 2025, Nuur Aliyare Saide y su compañero creyente Abdi Abdullahi Adan fueron detenidos por las autoridades somalíes únicamente por sus creencias religiosas y su vinculación con la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz.

Por Caroline Hoeren

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La Religión Ahmadi de la Paz y la Luz condena la detención, la tortura y la muerte de Nuur Aliyare Saide, un creyente pacífico de Kismayo, Somalia. Su único delito fue ejercer su derecho a la libertad de religión declarando su creencia en la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz y compartiendo su fe abiertamente con su familia y su comunidad local.

En diciembre de 2024, Nuur conoció por primera vez la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz a través de su compañero creyente Abdi Abdullahi Adan. Ambos hablaban abiertamente de la religión y de sus enseñanzas con sus amigos y familiares. Sus manifestaciones pacíficas de creencia acabarían conduciendo al hostigamiento, a cargos penales y a la muerte.

El 10 de febrero de 2025, Nuur declaró públicamente su adhesión a la fe, compartiendo sus creencias con su familia y con sus compañeros en el lugar de trabajo. Poco después de esta declaración fue detenido y acusado de «difundir el kufr (la incredulidad) en el país». Permaneció detenido diez días en condiciones extremadamente duras. Nuur sufría hipertensión y una dolencia causada por el calor que le hacía desmayarse repetidamente. Su estado físico se deterioró con rapidez: se hinchó y quedó casi paralizado.

Las autoridades accedieron a ponerlo en libertad bajo fianza debido al empeoramiento de su salud, pero solo después de exigir un pago. Un miembro de la fe ayudó a conseguir su liberación pagando la fianza requerida. Tras recuperarse, Nuur siguió hablando de la religión con miembros de su familia. El 16 de marzo de 2025, un hermano lo denunció a la policía y fue detenido de nuevo en su casa. Una vez más fue acusado de «difundir el kufr (la incredulidad) en el país».

Ese mismo día, Abdi Abdullahi Adan también fue detenido mientras intentaba averiguar la repentina desaparición de Nuur. Abdi era conocido en la zona por sus esfuerzos para compartir el mensaje de la fe. Del 16 al 20 de marzo no hubo comunicación con ninguno de los dos. El 21 de marzo, Abdi pudo ponerse en contacto y confirmar que ambos habían sido detenidos en la zona de Hool Wadaag y que estaban recluidos en un centro de detención conocido como Fied, en Kismayo. Ambos hombres fueron encarcelados únicamente por sus creencias.

Durante sus seis días de detención, Nuur y Abdi fueron torturados y sometidos a duros interrogatorios. Los funcionarios les preguntaron cómo habían conocido la religión. Cuando negaron las acusaciones, se hizo comparecer como testigo al hermano de Nuur. Este afirmó que Nuur había estado criticando a los sabios religiosos. Tras ello, Nuur fue golpeado con gran dureza, en particular en los genitales, el abdomen y la zona lumbar. Después de cinco días de detención, las autoridades exigieron un pago de 1500 dólares estadounidenses por persona para su liberación. Tras reiteradas súplicas, la cantidad se redujo a 1000 dólares por persona.

El siguiente vídeo muestra el testimonio del superviviente Abdi.

El 22 de marzo de 2025, Nuur y Abdi fueron puestos en libertad. Sin embargo, la salud de Nuur había empeorado gravemente a causa de los malos tratos sufridos bajo custodia. Abdi llevó de inmediato a Nuur a una farmacia para conseguir medicación contra el dolor y la hipertensión. Más tarde fueron remitidos al hospital público para recibir más atención médica. Entre el 22 y el 29 de marzo, Nuur permaneció en observación médica. El hospital público acabó remitiéndolo a un centro privado, donde estuvo ingresado ocho días. Al aumentar el coste del tratamiento, el hospital privado se negó a seguir atendiéndolo cuando ya no pudo efectuarse el pago. Nuur recibió el alta cuando aún se encontraba en estado crítico.

El 29 de marzo de 2025, a las 20:00, hora de Somalia, Nuur murió en su casa a causa de las lesiones sufridas durante la detención y de la falta de un tratamiento médico adecuado. Al día siguiente, 30 de marzo, a las 15:30, tuvo lugar su entierro.

En sus últimas horas, Nuur expresó repetidamente su último deseo: «Quiero ver al Imam. Espero no morir hasta ver al Imam». Su deseo nunca se cumplió. Falleció poco después de recibir el alta de la clínica, y sus seres queridos lo enterraron, llorando su pérdida y rogando por su paz. La Religión Ahmadi de la Paz y la Luz obtuvo una grabación en vídeo de su funeral:

Abdi Abdullahi Adan, de 30 años, ciudadano somalí residente en Kismayo, está casado y es padre de ocho hijos. Ahora también es responsable del cuidado de la viuda y del hijo de Nuur. Abdi fue bautizado en la fe el 4 de marzo de 2025. Hablando en la tarde del 22 de marzo de 2025, a las 20:11, Abdi grabó su testimonio y declaró:

«He apagado la luz y detrás de mí solo hay una pared. Todavía tengo dolores físicos: me duelen la cabeza, la espalda y las costillas por los golpes que recibí en la cárcel. Todavía no puedo mirar directamente una luz intensa por el traumatismo ocular que sufrí bajo custodia. El dolor que llevo es inmenso».

El 16 de abril de 2025, Abdullah Hashem Aba Al-Sadiq publicó una alocución pública en honor a la memoria de Nuur Aliyare Saide. En el mismo discurso, Aba Al-Sadiq rindió también homenaje a otro seguidor de la fe que fue asesinado en circunstancias distintas en Somalia. Después, el Departamento de Derechos Humanos de la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz celebró una conferencia en la basílica de la sede del Reino Unido, que reunió a miembros de la comunidad para reflexionar sobre los hechos que rodearon la muerte de Nuur.

La Religión Ahmadi de la Paz y la Luz considera a las autoridades somalíes plenamente responsables de la detención arbitraria, la tortura y la muerte de Nuur Aliyare Saide. Pedimos una investigación inmediata e independiente de esta grave violación de los derechos humanos. Los responsables deben rendir cuentas. No deben tolerarse la persecución religiosa, la extorsión ni la tortura. La comunidad internacional debe actuar para garantizar la protección de quienes son blanco de ataques por sus creencias y exigir justicia para las víctimas y sus familias.