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Los remedios que fueron objeto de burla durante siglos y que hoy salvan vidas

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A lo largo de la historia, curas extrañas como las sanguijuelas, las larvas e incluso los trasplantes fecales fueron objeto de burla antes de convertirse en medicina que salva vidas, lo que nos recuerda que lo extraño de hoy puede ser el avance de mañana.

Por Noor Fatimah Ali

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En este artículo, Noor Fatimah Ali, doctora en Medicina Respiratoria, explora cómo muchas ideas que hoy se consideran ciencia aceptada fueron en su día vistas como poco convencionales, y cómo transforman nuestra visión de lo que es posible en la medicina.

A lo largo de la historia de la humanidad, la búsqueda de la curación ha llevado a las personas a adoptar remedios que en su momento parecían extraños, incluso extraordinarios. La reciente burla dirigida a la cura de las Aves del Paraíso tras el artículo del Guardian es un ejemplo claro de la rapidez con la que podemos descartar ideas poco convencionales, olvidando en el proceso nuestra propia historia. Una y otra vez, avances que hoy constituyen la columna vertebral de la medicina moderna, como la terapia con larvas, el tratamiento con sanguijuelas y los preparados a base de hierbas, fueron en su día objeto de burla, de duda o de condena rotunda, tanto por parte del público como del estamento científico. Algunos de los enfoques más fiables de la medicina nacieron como ideas controvertidas. Aun así, este artículo no pretende promover ni alentar terapias no probadas. Su propósito es ofrecer una mirada histórica a la medicina y llamar la atención sobre la diversidad de perspectivas que, en ocasiones, han allanado el camino a avances significativos, recordándonos que ideas inusuales, incluso impopulares, a menudo han abierto el camino al progreso.

El mundo de las curas poco convencionales ha sido siempre un lugar donde la ciencia y lo inexplicable se encuentran, y donde los límites de la medicina se ven continuamente desafiados y reescritos. Pensemos, por ejemplo, en el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming en 1928, que dio al mundo el primer antibiótico, una simple píldora con el poder de vencer infecciones que habían matado a millones de personas. Sin embargo, mucho antes del descubrimiento accidental de Fleming, algunas culturas, entre ellas los antiguos egipcios, ya aplicaban pan enmohecido sobre las heridas, utilizando sin saberlo microbios para combatir la infección, siglos antes de que la ciencia lo comprendiera. Imagine, no obstante, decirle a un médico del siglo XIX que el moho aterciopelado del pan duro salvaría algún día millones de vidas: casi con toda seguridad reaccionaría con burla o incredulidad. Y, sin embargo, lo que antes parecía absurdo se convirtió en el fundamento mismo de los antibióticos modernos. A lo largo de los siglos, avances como este nos recuerdan que las ideas descartadas ayer pueden convertirse en los milagros médicos de mañana.

El TMF: un milagro surgido de los márgenes

Uno de los avances más asombrosos de la medicina moderna es el trasplante de microbiota fecal (TMF). Considerado en otro tiempo una práctica extravagante, el TMF es hoy un procedimiento estándar que salva vidas. En este tratamiento, los médicos toman heces de un donante sano y las introducen en el intestino de un paciente que sufre infecciones graves o enfermedades intestinales, sobre todo infecciones recurrentes por Clostridioides difficile (C. difficile). El objetivo es repoblar el intestino con bacterias beneficiosas capaces de superar a los microbios dañinos, reducir la inflamación y restablecer las defensas naturales del intestino.

Aunque hoy tiene éxito, el camino del TMF hacia su aceptación general distó mucho de ser sencillo. Todavía en la década de 1950, los médicos occidentales que experimentaban con enemas fecales solían enfrentarse al estigma y al escepticismo. No fue hasta los ensayos clínicos de la década de 2010, que demostraron pruebas claras y concluyentes de la eficacia del TMF, cuando este obtuvo una amplia aceptación tanto entre los profesionales de la medicina como entre el público.

Este avance coincidió con una comprensión científica más profunda del microbioma humano, formado por billones de microbios esenciales para la digestión, la función inmunitaria e incluso la salud cerebral. Cuando este ecosistema se altera, patógenos peligrosos como el C. difficile pueden proliferar y provocar infecciones graves, a menudo mortales. Los antibióticos tradicionales pueden no resolver estas infecciones y, a veces, agravan el problema de fondo. El TMF lo aborda restableciendo una comunidad microbiana diversa y sana. Las heces del donante aportan organismos vivos que ayudan a restablecer el equilibrio, a suprimir las bacterias dañinas y a favorecer la curación.

Para los pacientes que sufren infecciones recurrentes y potencialmente mortales, el TMF es, sencillamente, milagroso. Su eficacia se ha considerado notable: en las infecciones recurrentes por C. difficile, el TMF ha demostrado ser más eficaz que los antibióticos por sí solos. Hoy cuenta con el respaldo de numerosas organizaciones médicas importantes como tratamiento de referencia. Su éxito ha inspirado investigaciones que van mucho más allá de las infecciones, y que exploran su potencial en el tratamiento de una amplia gama de afecciones, desde trastornos metabólicos y autoinmunes hasta trastornos neuropsiquiátricos vinculados a la salud intestinal.

La transformación del TMF, de rareza descartada a terapia consolidada, ejemplifica la naturaleza dinámica de la ciencia médica. La apertura de mente, la investigación y la disposición a explorar ideas nuevas han impulsado siempre el progreso, lo que ha conducido a avances revolucionarios en la atención al paciente y ha convertido curas inusuales en medicina que salva vidas.

La curación no convencional en las religiones del mundo

Los misterios de la medicina nunca han pertenecido únicamente a la ciencia. Las curas no convencionales no son solo dominio de los médicos: forman parte de las grandes religiones del mundo. En la Biblia, las curaciones de Jesús son verdaderamente asombrosas: devuelve la vista a un ciego con una mezcla de barro y saliva, y abre los oídos de un sordo con nada más que su propia saliva. Moisés, ante una plaga de serpientes venenosas, crea una serpiente de bronce que, al ser contemplada, cura a los afligidos. La Biblia contiene muchos relatos de remedios que desafían toda explicación ordinaria y que a menudo parecen extraordinarios, incluso para los criterios de su época.

La tradición islámica también acoge enfoques poco convencionales de la curación. La miel, valorada desde hace mucho por sus propiedades cicatrizantes y antimicrobianas, es elogiada en el Corán como un remedio «en el que hay curación para los hombres». La investigación ha confirmado la eficacia de la miel en el tratamiento de quemaduras y heridas gracias a sus propiedades antibacterianas naturales. Algunas narraciones mencionan el uso de orina de camella mezclada con leche como remedio. Aunque esta práctica pueda parecer inusual según los criterios modernos, tiene raíces históricas y aún se sigue practicando en algunas comunidades.

«El clima de Medina no sentó bien a algunas personas, de modo que el Profeta les ordenó que siguieran a su pastor, es decir, a sus camellos, y que bebieran su leche y su orina (como medicina). Siguieron, pues, al pastor, es decir, a los camellos, y bebieron su leche y su orina hasta que sus cuerpos recuperaron la salud.»Sahih Al-Bukhari, Al-Bukhari, Libro de la Medicina, Hadiz 5686

Las narraciones mencionan también que Umm Ayman (o, según algunos relatos, Barrah) bebió de un cuenco en el que el Profeta había orinado, sin saber lo que contenía. Cuando lo confesó, el Profeta le aseguró que nunca sufriría dolor de estómago. En el relato de Barrah, se le concedió protección contra el fuego del infierno.

Umm Ayman dijo: «Una noche el Profeta se levantó y fue a un lado a orinar en el cuenco. Durante la noche, me levanté con sed y bebí lo que había en él, sin siquiera darme cuenta de lo que era. Por la mañana, Él dijo: “¡Oh, Umm Ayman! Tira lo que hay en el cuenco”. Respondí: “He bebido lo que había en el cuenco”. Entonces sonrió de tal modo que se le vieron los dientes y dijo: “¡Cuidado! Nunca tendrás dolor de estómago”».Mustadrak Al-Hakim, Hadiz 6912
De Umaymah, que dijo: «El Profeta tenía un cuenco de madera en el que solía orinar, y que se colocaba debajo de su cama. Una noche lo buscó y no lo encontró, y preguntó por él diciendo: “¿Dónde está el cuenco?”. Los de la casa respondieron: “Barrah, la esclava de Umm Salamah, lo bebió”. El Profeta replicó: “¡Ciertamente se ha protegido del fuego con una gran muralla!”».Al-Khasaa’is Al-Kubra, Suyyuti, vol. 2, p. 253

El antiguo sistema ayurvédico del hinduismo contiene numerosas referencias al uso medicinal de la orina, conocido como Shivambu o terapia de la autourina. Los textos antiguos describen procedimientos detallados para consumir la propia orina como medio de tratar diversas dolencias, basándose en la creencia de que las propias sustancias del cuerpo pueden sanar y restablecer el equilibrio. La orina de vaca, en la tradición hindú, se utiliza tanto en la medicina como en los rituales religiosos, y se le atribuye una amplia gama de beneficios. Aunque estas prácticas puedan sonar inusuales, han inspirado estudios científicos modernos sobre si las propias sustancias del cuerpo podrían contribuir a la curación.

Como se ha mencionado antes, no alentamos ni promovemos que se pruebe ningún tratamiento no probado o poco convencional. Estos ejemplos se comparten por su contexto histórico y para demostrar que han existido, en distintas regiones y religiones, una amplia variedad de ideas médicas, entre ellas tratamientos poco convencionales.

La Medicina Tradicional China (MTC) está llena de curas que, pese a parecer extrañas a quienes las ven desde fuera, han demostrado beneficios reales y, en ocasiones, incluso han influido en la medicina convencional. Los practicantes insertan agujas ultrafinas en puntos cuidadosamente elegidos del cuerpo, para restablecer el equilibrio y estimular la capacidad innata del cuerpo para curarse. La acupuntura ha sido vista con frecuencia con escepticismo en Occidente, debido a sus técnicas aparentemente poco científicas. Sin embargo, los estudios sugieren que la acupuntura estimula los analgésicos naturales del cuerpo y afecta a las regiones cerebrales que procesan el dolor. Aunque los científicos aún están desentrañando exactamente cómo funciona la acupuntura, hoy es ampliamente reconocida y recomendada como terapia complementaria por importantes organizaciones sanitarias, entre ellas la Organización Mundial de la Salud.

La farmacia del reino animal

A veces la curación surge de los lugares más inesperados de la naturaleza. Algunas de las curas más revolucionarias y poco convencionales que se exploran hoy proceden directamente del reino animal, donde los investigadores estudian desde el veneno de especies mortíferas hasta las capacidades regenerativas de los anfibios. Bien podría ocurrir que el futuro de la medicina lo moldeen las fuentes más improbables, criaturas que, hasta hace poco, parecían tener poco que enseñarnos sobre la curación. En la búsqueda continua de curas, lo que antes parecía imposible podría convertirse en una realidad que salva vidas.

Tomemos las sanguijuelas, por ejemplo. Célebres en otro tiempo por su papel en las sangrías, hoy son herramientas muy apreciadas en la microcirugía y la medicina reconstructiva modernas. Los cirujanos recurren a estas criaturas para restablecer el flujo sanguíneo y reducir la peligrosa hinchazón tras operaciones delicadas. El secreto de su eficacia reside en su saliva, repleta de anticoagulantes y agentes antiinflamatorios naturales que restablecen el flujo sanguíneo y previenen la coagulación y la muerte del tejido.

El compuesto más conocido de la saliva de las sanguijuelas, la hirudina, impide la coagulación de la sangre, lo que garantiza que los vasos sanguíneos permanezcan abiertos y que los tejidos en recuperación reciban el oxígeno y los nutrientes necesarios. La saliva de las sanguijuelas contiene además vasodilatadores como la acetilcolina, que ensanchan los vasos sanguíneos y ayudan a mejorar el riego sanguíneo de los tejidos. Las proteínas antiinflamatorias reducen la hinchazón de los tejidos y favorecen la curación. Sus enzimas fibrinolíticas ayudan a deshacer los coágulos existentes y reabren rápidamente los vasos obstruidos. Otros componentes incluyen compuestos antimicrobianos que ayudan a prevenir la infección, lo que hace que las sanguijuelas sean de un valor inestimable tras cirugías complejas.

Como resultado, las sanguijuelas se han vuelto fundamentales para salvar miembros y mejorar los resultados quirúrgicos. A veces incluso se prefieren a los fármacos modernos en ciertos procedimientos reconstructivos, lo que demuestra cómo un remedio antes denostado puede ganarse un lugar venerado en la medicina moderna gracias a una nueva comprensión científica.

En otro giro sorprendente, las larvas se han convertido en héroes inesperados en el cuidado de las heridas. Aplicadas a heridas rebeldes y de curación lenta que no responden a los tratamientos convencionales, las larvas realizan una tarea específica: consumen únicamente el tejido muerto, limpian a fondo la herida y allanan el camino para que crezca piel nueva y sana, un proceso conocido como terapia de desbridamiento con larvas (TDL).

La genialidad de la terapia con larvas reside en su sencillez y especificidad. Al colocarse sobre una herida, las larvas, esterilizadas especialmente, se alimentan exclusivamente de tejido muerto, respetan el tejido sano y actúan solo sobre el material que impide la curación. Al consumir este tejido muerto, liberan enzimas que descomponen los residuos, lo que no solo limpia la herida, sino que además crea un entorno ideal, notablemente más favorable para las células cutáneas nuevas y sanas.

La terapia moderna con larvas ha transformado el modo en que los médicos abordan las infecciones crónicas, pero no se limita a limpiar heridas. Las investigaciones han demostrado incluso que las secreciones de las larvas poseen potentes propiedades antibacterianas que ayudan a combatir infecciones graves, especialmente las causadas por bacterias resistentes a los fármacos, como el SARM. Además, las larvas estimulan el crecimiento del tejido de granulación, la base de la piel nueva.

Hoy, la terapia con larvas se utiliza en heridas crónicas que no cicatrizan y en las que otros tratamientos han fracasado, y ofrece a muchos pacientes una última oportunidad de curación y, en algunos casos, evita la amputación. Cuando los métodos tradicionales fallan, estos diminutos organismos ofrecen un salvavidas. El resurgimiento de las larvas como herramienta terapéutica es un claro ejemplo de cómo la medicina puede recurrir a los organismos más simples de la naturaleza en busca de soluciones innovadoras, y demuestra que incluso los organismos más improbables pueden inspirar avances poderosos y los hallazgos más eficaces.

Las curas inusuales de inspiración animal no acaban ahí. El veneno de serpiente ha dado lugar al desarrollo de medicamentos modernos para la presión arterial, entre ellos los inhibidores de la ECA. Los productos de las abejas, como la miel y el veneno, se utilizan para las heridas y la artritis. Las sanguijuelas y las larvas cuentan hoy con la aprobación de la FDA para uso médico. La piel de pescado se aplica en el tratamiento de las quemaduras.

Estos remedios, ya impliquen contacto directo con animales o sustancias de origen animal, han moldeado desde hace mucho las tradiciones médicas y hoy inspiran investigaciones científicas de vanguardia. Lo que antes se descartaba por extravagante cuenta ahora con la aprobación de las principales autoridades sanitarias del mundo.

Lecciones de la historia: en defensa de la apertura de mente

La historia de la medicina ofrece un poderoso ejemplo de apertura de mente. Los médicos de la Edad de Oro del islam combinaron remedios autóctonos, la medicina griega y las tradiciones curativas persa, india y de otros orígenes, y a menudo experimentaron con terapias que al principio parecían ajenas o misteriosas antes de adoptarlas y perfeccionarlas. Gracias a este espíritu de curiosidad e integración, lograron algunos de los mayores avances médicos del mundo.

Hoy, las curas que no encajan en el marco científico suelen descartarse como acientíficas. Este escepticismo se debe normalmente a la falta de un mecanismo claro o de pruebas que lo respalden según los criterios contemporáneos. Sin embargo, descartar tales tratamientos pasa por alto una realidad importante: que la historia está llena de tratamientos que fueron descartados o ignorados en su día y que acabaron transformando los cimientos mismos de la medicina. Una y otra vez, la propia investigación rigurosa y la validación científica han demostrado el valor de tratamientos antes considerados radicales, recordándonos que los límites de lo posible en la medicina cambian siempre.

La penicilina, la terapia con sanguijuelas y con larvas, y los trasplantes de microbiota fecal fueron todos considerados en su día extravagantes o fueron descartados, para ser validados más tarde por la ciencia e incorporados a la medicina convencional, lo que demuestra que lo que hoy se descarta puede ser comprendido y validado mañana, y que no todos los fenómenos son explicables de inmediato. No toda cura encaja con precisión en el ámbito de la comprensión científica actual. A lo largo de la historia, muchos remedios desafiaron las creencias aceptadas de su tiempo y se usaron siglos antes de que la ciencia pudiera explicarlos. La existencia de organismos microscópicos, por ejemplo, fue supuesta o conocida por unos pocos mucho antes de que pudiera demostrarse científicamente. Esta historia nos enseña que el hecho de que la ciencia aún no pueda explicar algo no significa que no sea real. Al fin y al cabo, lo que antes era invisible y parecía imposible, como la existencia de los patógenos, acabó convirtiéndose en un hecho científico establecido. En el mundo de la medicina, lo extraordinario se convierte con frecuencia en la nueva normalidad.

Así pues, el enfoque más constructivo ante las curas es reconocer que la curación puede presentarse de formas inesperadas y adoptar una actitud abierta. El mundo está lleno de misterios, y lo que la ciencia no comprende hoy puede revelar su verdad mañana. Las curas inexplicadas no son necesariamente falsedades ni supersticiones, sino que pueden ser oportunidades para una nueva comprensión. Estudiar estos tratamientos no convencionales no significa rechazar la ciencia; significa, más bien, estar abierto a posibilidades que la ciencia aún no ha explorado ni explicado.

La historia nos advierte de que rechazar una práctica únicamente porque su mecanismo no está claro puede llevar a la pérdida de remedios valiosos. Muchas terapias eficaces fueron pasadas por alto en el pasado por un escepticismo excesivo. Estos remedios transmiten una historia humana más amplia: que la esperanza y la salud llegan a veces por los medios que menos esperamos.

En resumen, el mejor camino a seguir es reconocer la larga tradición de la medicina de aprender de lo no convencional. Hay prácticas que hoy pueden parecer inverosímiles, pero también lo parecieron muchos descubrimientos que cambiaron el curso de la historia de la medicina.