El Yamaní: una mirada a la vida de Ahmad Al-Hassan
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El Imam Ahmed Al-Hassan, nacido como Ahmed Ismail, es el primero de los Doce Mahdis y el Yamaní prometido. Surgió públicamente en 1999 en Basora, Irak, como el Mensajero y sucesor del Imam Mahdi. Antes de su designación divina, era un hombre corriente que llevaba una vida normal: estudió ingeniería en la universidad y estaba casado y con hijos.
Por Alexandra Foreman

El Imam Ahmed Al-Hassan, nacido como Ahmed Ismail, es el primero de los Doce Mahdis y el Yamaní prometido. Surgió públicamente en 1999 en Basora, Irak, como el Mensajero y sucesor del Imam Mahdi. Antes de su designación divina, era un hombre corriente que llevaba una vida normal: estudió ingeniería en la universidad y estaba casado y con hijos.

Encuentro con el Imam Mahdi
Muchos años antes de que comenzara su llamada pública, el Imam Ahmad Al-Hassan tuvo una serie de sueños en los que se encontraba con el Imam Mahdi de pie ante el Mausoleo del sayyid Muhammad, hermano del Imam Al-Askari. En estos sueños, el Imam Mahdi le dijo que se reuniera con él en el mundo físico. Dos días después del primero de estos sueños, el Imam Ahmad Al-Hassan emprendió una peregrinación a varios mausoleos de los Imames. Finalmente, conoció físicamente al Imam Mahdi por primera vez en el Mausoleo del Imam Al-Hadi y el Imam Al-Askari.

Durante estos primeros encuentros, el Imam Mahdi también informó a Ahmed Al-Hassan de quién era en realidad: que era el primero de los Doce Mahdis mencionados en el testamento del profeta Muhammad y el Yamaní profetizado.
«Luego habrá doce Mahdis después de él, así que si le llega la muerte, que se lo entregue a su hijo, el primero de los cercanos; tiene tres nombres: uno como el mío y el de mi Padre, que es Abdullah, Ahmad, y el tercer nombre es Al-Mahdi, y es el primero de los creyentes».Ghaybat Al-Tusi, vol. 1, pp. 174-175; Bihar Al-Anwar, Al-Allamah Al-Majlisi, vol. 53, p. 148
Antes de esta revelación, el Imam Ahmed Al-Hassan nunca pensó que su profesión tuviera algo que ver con la religión, y no había oído que hubiera Doce Mahdis, creyendo que solo existía la figura del propio Imam Mahdi.
Después de este encuentro, tuvo otros encuentros en los que el Imam Mahdi le aclaró muchas cosas, le enseñó la moral y los modales divinos y le transmitió un conocimiento crucial.
En diciembre de 1999, el Imam Ahmed Al-Hassan tuvo más visiones en las que volvió a ver al Imam Mahdi. Este le indicó que viajara a varios lugares sagrados antes de encontrarse con el Imam Mahdi por la noche en el Mausoleo del Imam Al-Hussein en Karbala y de nuevo a la mañana siguiente en el santuario del Imam Mahdi. En estos encuentros, el Imam Mahdi le ordenó iniciar su llamada pública dentro de la Hawza de Náyaf para presentar la verdad al estamento religioso.
Tras estos encuentros, el Imam Ahmed Al-Hassan viajó a Náyaf, a la Hawza, donde se dispuso a informar a la organización de lo que había llegado a conocer por medio del Imam Mahdi.
Su mensaje
El mensaje principal que Ahmed Al-Hassan tenía encomendado transmitir era la supremacía de Dios: ese fundamento central olvidado de la religión según el cual solo Dios tiene derecho a designar a un líder, como se afirma en el Corán, donde Dios dice:
«Ciertamente, voy a poner un califa en la tierra».Corán 2:30
Hasta 2007, Ahmad Al-Hassan siguió repitiendo este mensaje. Llamó a la gente a regresar a la creencia de que la autoridad y el liderazgo deben proceder de Dios, de que el propósito de la religión es que a las personas no se les permita elegir a su propio líder y de que quien lo hace traiciona a Muhammad y a la Familia de Muhammad.
Corrupción en la Hawza
El Imam Mahdi lo despertó a la corrupción de la Hawza (la institución chií de Irak), un despertar que describió como un proceso «muy doloroso» y una realidad que solo comprendió del todo tras ser iluminado por el Imam Mahdi. Utilizó la metáfora de «la corrupción de la sal», explicando que, si bien la Hawza, como fuente de educación del islam chií, debía ser la «sal» que preserva y corrige un mundo corrompido, si la propia sal se echa a perder, no queda nada con que corregir la corrupción. Desde 1999, cuando fue enviado, el Imam Ahmed Al-Hassan intentó reformar estas corrupciones dentro de la institución religiosa.
Democracia
La corrupción más grave era el abandono por parte de la Hawza de ese fundamento central de la religión: la supremacía de Dios. Acusó a los eruditos de cambiar el derecho divino de designación por una democracia y unas elecciones al estilo estadounidense, que calificó de «Saqifa» de los eruditos que no ejercen, una repetición moderna de la traición al Imam Ali.
Las elecciones democráticas en Irak se habían convertido en la norma, con el respaldo de la República Islámica de Irán. Ali Al‑Sistani emitió fatuas religiosas instando a los iraquíes a participar activamente en las elecciones, presentando la participación como una responsabilidad tanto cívica como moral.
En la Hawza, todos los eruditos se hicieron partidarios de la democracia, sustituyendo a los Imames y a los vicegerentes de Dios por otras personas, lo que significaba que no había diferencia entre los chiíes de Irak e Irán y el resto del mundo. El Imam Ahmed Al-Hassan advirtió de los peligros de las elecciones democráticas y llamó a la gente a volver al líder designado por Dios.
Eruditos que no ejercen
Calificó a los clérigos corruptos de la Hawza de «eruditos que no ejercen», describiéndolos como «traidores» y «ídolos silenciosos», y afirmó que no quieren la aparición y el ascenso del Mahdi, porque eso supondría el fin de su condición de Marjas.
Advirtió a la gente de que el estamento religioso sería el principal enemigo del Mahdi cuando este se alzara, refiriéndose a narraciones de Muhammad y de la Familia de Muhammad que dicen que los eruditos del Fin de los Tiempos son los «peores eruditos religiosos bajo la sombra del cielo».
Además, criticó la Wilayat Al-Faqih (el Gobierno del Jurisconsulto), que otorga a los eruditos el liderazgo religioso y político en ausencia del Imam Mahdi, argumentando que los eruditos habían reclamado falsamente la misma autoridad que los Profetas y Mensajeros para centralizar el poder y el dinero. También declaró que el sistema del Taqleed, que exige a los laicos seguir ciegamente a un erudito, es una falsa innovación utilizada para despojar de autoridad al Imam y convertir a los propios eruditos en «ídolos» o «dioses».
Hipocresía financiera
Durante su tiempo en la Hawza, observó un marcado contraste entre el lujo y la extravagancia de que disfrutaban los eruditos de alto rango y la miseria, el hambre y la enfermedad de la sociedad en general. Señaló que, mientras los eruditos predicaban paciencia y ascetismo a los pobres, ellos mismos vivían con gran lujo. Enseñó que el Khums (impuesto religioso) estaba siendo robado por los eruditos bajo la apariencia de religión, cuando pertenece legítimamente solo al Imam Mahdi o a su sucesor designado por Dios.
Experiencia
El Imam Ahmed Al-Hassan pasó tres años desde 1999, cuando fue enviado por primera vez, intentando reformar la Hawza. Aunque algunos estudiantes estuvieron de acuerdo con sus afirmaciones sobre la corrupción financiera, no se produjo ninguna reforma real. Se ajustaron algunas políticas financieras de ciertos eruditos, pero los cambios fueron mínimos, y el lujo y la extravagancia continuaron entre muchos eruditos y sus allegados, mientras la mayoría de la sociedad seguía en la pobreza. Aunque algunos estudiantes de la Hawza lo apoyaron, muchos no lo hicieron, lo que dio lugar a acaloradas discusiones y a la ruptura de lazos por parte de numerosos estudiantes.
En 2003, grupos de estudiantes de la Hawza comenzaron a jurarle lealtad tras presenciar sueños y visiones que confirmaban que era, en efecto, un Mensajero del Imam Mahdi. Comenzaron a jurarle lealtad y a prometer rescatarlo con sus propias personas, su dinero y sus hijos; sin embargo, después de que las fuerzas de Sadam Huseín empezaran a perseguir al Imam Ahmed Al-Hassan, muchos se retractaron de sus juramentos.
Reacción adversa
Tras la marcha de muchos partidarios, regresó a casa con solo unos pocos estudiantes de la Hawza y algunos creyentes. En 2004, un grupo de creyentes regresó y renovó su juramento, y la llamada comenzó de nuevo.
En noviembre de 2004, el Imam Mahdi le ordenó dirigirse a los habitantes de la tierra y anunciar una revolución contra los opresores, actuar con rapidez y planificar los pasos necesarios, llamar a la gente a apoyar la verdad y establecer la justicia, y alzar la declaración «No hay más dios que Allah». Durante este tiempo, la llamada entró en una fase intensiva de difusión mundial y de enfrentamiento público tanto con el estamento político como con el religioso, ya que el Imam Ahmed Al-Hassan dio muchos pasos clave para hacer avanzar la verdad.
Identificó oficialmente las elecciones políticas que se celebraban en Bagdad durante la ocupación estadounidense como la «Shura Menor» (consulta) y afirmó que este acontecimiento era en realidad el cumplimiento de una profecía del profeta Muhammad, quien advirtió:
«En cuanto a las Elecciones Menores, se fijarán durante la ocultación mayor en Al-Zawraa’ (Bagdad) para cambiar mi sunna/camino y sustituir mis leyes».250 señales hasta la aparición del Imam Mahdi, Muhammad Ali Tabatabai, p. 130
Argumentó que, al adoptar un sistema democrático en el que el pueblo elegía a su propio líder, la nación rechazaba una vez más la supremacía de Dios. Durante este período, el Imam Ahmed Al-Hassan intensificó su crítica del estamento religioso, identificando específicamente a Ali Sistani como el «Dayyal de Sijistán» mencionado en las narraciones de los últimos tiempos. Acusó a Sistani de ayudar al «Dayyal Mayor», el sistema político estadounidense, al emitir fatuas que convertían en obligación religiosa para los chiíes participar en las elecciones democráticas y apoyar leyes hechas por el hombre y líderes elegidos por el pueblo, no por Dios. Empezó a derribar los ídolos en que se habían convertido los eruditos, poniendo de relieve su hipocresía y señalando la manera en que usurpaban los derechos de la Familia de Muhammad. Advirtió al pueblo iraquí de que sufriría una «pérdida en este mundo y en el más allá» por seguir a los eruditos que no ejercen, y predijo que el experimento democrático conduciría a un período de oscuridad y caos.
También escribió cartas a varios líderes mundiales informándoles de la aparición del Imam Mahdi. Una de estas cartas fue enviada a Ali Jamenei, en la que se identificaba como un Mensajero del Imam Mahdi y solicitaba una audiencia con él para exhortarlo a entregar el liderazgo de la República Islámica de Irán al Imam Mahdi. Otra carta fue enviada al entonces presidente de los Estados Unidos, George Bush, advirtiéndole de las consecuencias de sus actos en Irak. También se dirigió al pueblo de Irak, pidiéndole apoyo. A medida que su mensaje se difundía y empezaba a ser visto como una amenaza para las autoridades, se lanzó una campaña contra él y su llamada. Este período revolucionario hizo que muchos creyentes se apartaran por miedo a los tiranos.
En 2007, la tensión entre el Imam Ahmed Al-Hassan y las autoridades religiosas llegó a un punto de ruptura. Los eruditos comenzaron a emitir fatuas contra él y sus seguidores, declarándolos herejes y acusándolo de ser un «dayyal» o un «mago», e incluso declarando su sangre «halal».
Las autoridades religiosas también presionaron a las fuerzas de seguridad iraquíes para que actuaran contra sus seguidores. Se allanaron hogares, se detuvo a creyentes y algunos fueron asesinados a pesar de no haber cometido ningún delito. Las milicias chiíes y los seguidores del estamento religioso empezaron a buscar al Imam Ahmed Al-Hassan con la intención de matarlo por su crítica a los eruditos e instituciones religiosas.
El Imam Ahmed Al-Hassan ya había advertido de que ocurrirían tales sucesos. En su Sermón del Hach, advirtió además de que tendría lugar «una nueva Karbala». Tras los intentos de matarlo a él y a sus seguidores, el Imam Ahmed Al-Hassan desapareció de la vista pública.
La Fitna del Becerro
El Imam Ahmed Al-Hassan predijo en su libro «El Becerro» que se produciría una prueba, conocida como la «Fitna del Becerro»; advirtió a sus seguidores de que se producirían infiltración y corrupción por parte de hipócritas dentro de la llamada, en un paralelismo directo con la historia de Moisés. Cuando Moisés estuvo ausente de su pueblo, este fue descarriado y comenzó a adorar al Becerro de Oro, volviéndose hacia un ídolo en su ausencia. Este suceso se describe en el Corán y sirve de comparación con cómo se produjo la desviación dentro del movimiento cuando su líder se ausenta momentáneamente.
Esta predicción se cumplió después de que el Imam Ahmed Al-Hassan desapareciera de la vista pública y la llamada fuera infiltrada por fuerzas especiales iraquíes e iraníes que reclutaron a algunos de los creyentes. Entonces se utilizó a un suplantador para imitar la voz del Imam y grabar un falso sermón conocido como el «Sermón de Muharram».
Estos infiltrados crearon una página de Facebook y establecieron una oficina especial en Náyaf, alegando que era el único representante oficial y la única puerta de acceso al Imam Ahmad Al-Hassan. Desde 2007, el Imam Ahmad Al-Hassan no había sido fotografiado ni visto en público. Como resultado, los seguidores creyeron ampliamente que la voz utilizada en estas grabaciones era la suya.
La oficina comenzó entonces a redirigir el movimiento sin la participación del Imam Ahmad Al-Hassan, moldeando su rumbo según sus propias interpretaciones y la influencia de dirigentes del gobierno de Irak. Este giro alejó al movimiento del mensaje original del Imam Ahmad Al-Hassan: llamar a la gente hacia la supremacía de Dios, el verdadero monoteísmo y los principios de justicia y equidad.

El Imam Ahmed Al-Hassan fue enviado a la humanidad en un momento en que el verdadero mensaje de la religión se había corrompido, cuando los derechos de Muhammad y de la Familia de Muhammad habían sido usurpados por eruditos religiosos corruptos y gobernantes tiránicos.
Su mensaje sacudió los cimientos mismos de la religión actual. A pesar de la intensa reacción adversa y de la persecución que sufrió por parte de las autoridades, su historia marca el esperado resurgimiento de un principio central olvidado de la religión: que la supremacía y la lealtad pertenecen únicamente a Dios, y que la verdadera guía llega solo mediante la designación divina, no mediante la elección humana.