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El mes sagrado de diciembre

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Diciembre se convierte en una prueba de lealtad: comodidad o fe, distracción o devoción; y la elección tiene consecuencias que perduran.

Por Ardijan Demirovic

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Dos hombres vestidos de oscuro están de pie ante un podio; uno levanta la mano. El fondo rojo con textura muestra un Corán, una luna creciente y un farol.

Diciembre no es simplemente el cierre de un año del calendario. Para muchos, se convierte en un mes de distracción y consumo con un toque de «espíritu navideño». Para otros, pone al descubierto algo más profundo: preguntas sin resolver, una fe inconclusa y la conciencia silenciosa de que se les está pidiendo algo.

En nuestra fe, diciembre no es un mes más. Está cargado de acciones que ponen a prueba nuestra fe. Está lleno de significado, responsabilidad y consecuencias.

Diciembre a los ojos del mundo

En todo el planeta, diciembre siempre ha sido tratado como un período sagrado. Sobre todo, los cristianos conmemoran el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, fecha confirmada por Aba Al-Sadiq. Para ellos, este mes representa la misericordia divina, el sacrificio y la llegada de la luz a un mundo abrumado por la oscuridad.

Incluso fuera de la religión, diciembre conlleva una seriedad universal. La gente reflexiona, se reencuentra, da más de lo habitual y siente que esta época del año es diferente. Incluso las sociedades laicas reducen el ritmo instintivamente. Existe un reconocimiento tácito de que diciembre pesa más que los demás meses, reflejo de algo profundamente arraigado en la humanidad: una antigua comprensión de que este período tiene un peso espiritual, lo reconozcan o no conscientemente las personas.

Históricamente, diciembre siempre ha marcado una transición. Las civilizaciones antiguas lo veían como el umbral entre finales y comienzos. El solsticio de invierno, la noche más larga del año, ocurre en diciembre, seguido del regreso gradual de la luz. Este momento moldeó la comprensión de la humanidad sobre el renacimiento, el decreto y el orden divino.

Mucho antes de las religiones modernas o de los calendarios, diciembre se entendía como un tiempo en que los destinos cambian, los ciclos se cierran y comienza la preparación. No era un mes de exceso, sino de conciencia y de contención. Esa comprensión se alinea directamente con la función que cumple diciembre en nuestra fe.

Diciembre según nuestra fe

En la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz, diciembre tiene una importancia sin igual.

Es el mes en que nació Jesús, el 25 de diciembre. Es el mes en que nació Ali Reza, el Octavo Mahdi, el 16 de diciembre. Es el mes en que se publicó La Meta del Sabio. Es el verdadero mes de Ramadán. Es el mes en que ocurre Laylatul Qadr (la Noche del Poder), en la noche 23.

El Primer Mahdi, el imam Ahmed Al-Hassan, dijo sobre la importancia de la Noche del Poder:

«Quien se arrepienta verdaderamente ante Allah esta noche, Allah aceptará su arrepentimiento y perdonará todos sus pecados con Su permiso. Esta noche la puerta de los cielos está abierta y las oraciones son aceptadas. Esta noche es mejor que mil meses. Laylatul Qadr (la Noche del Poder) es la noche en que las almas buenas descienden para encontrar un hogar donde morar y purificarse. Esto es una parte de Laylatul Qadr, que encierra de los secretos y de los asuntos ocultos lo que nadie conoce, salvo Allah y Sus Mensajeros allegados».

Diciembre como Ramadán: la llamada de Aba Al-Sadiq

Este año, Aba Al-Sadiq hizo una declaración clara el primer día de Ramadán, en la que expuso los deberes y las responsabilidades de los creyentes de todo el mundo:

«Y así, este diciembre es Ramadán, pero la obligación de ayunar y el mandato de Dios aún no han llegado. Y, en cambio, todos vosotros tenéis la obligación de trabajar con el mayor empeño, de educar a la gente en que debe ayunar de elegir a otro que no sea el Califa de Dios; de abstenerse y ayunar de las elecciones. Tenéis la obligación de ser mensajeros para la humanidad, como los discípulos de Cristo lo fueron para él. Se espera de vosotros que invitéis a la gente a esta llamada y que despertéis a la humanidad durante este mes de Ramadán».

Este diciembre no trata de banquetes, de esperar a recibir regalos ni de asistir a reuniones familiares. Es un mes de trabajo duro, de movimiento, de palabra y de responsabilidad, para despertar al mundo al verdadero espíritu del Ramadán: que la lealtad no es para nadie más que para Dios y Su albacea elegido.

Añadió:

«Quiero que os abstengáis del gasto excesivo y que, en lugar de eso, ayudéis a dar a esta dawa y a esta causa, o ayudéis a alimentar y vestir a los huérfanos y a los pobres. Y luchad, luchad y luchad: este yihad nuestro, este yihad ideológico, para difundir el concepto de la supremacía de Dios. Esto es mucho mejor para vosotros en este momento».

Para el mundo, diciembre se ha vuelto algo comercializado, hasta el punto de que su significado apenas es reconocible. El verdadero espíritu de diciembre, en cambio, exige contención. En lugar de disfrute personal, pide dar. En lugar de indulgencia, servicio y encarnar la fe mediante la acción. Y la llamada al yihad no es una llamada a la violencia física. Es el yihad o lucha para difundir la llamada a la supremacía de Dios con paz y dignidad.

Las elecciones y el rechazo de Jesús

Según los relatos bíblicos, Jesús fue rechazado por el pueblo, y cuando se le dio a elegir entre el Mesías y un criminal llamado Barrabás, el pueblo eligió a Barrabás.

«Ahora bien, era costumbre del gobernador, durante la fiesta, soltar a un preso elegido por la multitud. En aquel tiempo tenían un preso famoso llamado Barrabás. Cuando la multitud se hubo reunido, Pilato les preguntó: “¿A cuál queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Mesías?”. Porque sabía que lo habían entregado por envidia. Mientras Pilato estaba sentado en el tribunal, su mujer le envió este mensaje: “No te metas con ese hombre inocente, pues hoy he sufrido mucho en sueños por causa de él”. Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidiera a Barrabás y que Jesús fuera ejecutado. “¿A cuál de los dos queréis que os suelte?”, preguntó el gobernador. “A Barrabás”, respondieron. “¿Qué haré, entonces, con Jesús, llamado el Mesías?”, preguntó Pilato. Todos respondieron: “¡Crucifícalo!”. “¿Por qué? ¿Qué delito ha cometido?”, preguntó Pilato. Pero ellos gritaron aún más fuerte: “¡Crucifícalo!”. Cuando Pilato vio que no conseguía nada, sino que, por el contrario, empezaba un tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud. “Soy inocente de la sangre de este hombre”, dijo. “¡Es responsabilidad vuestra!”. Todo el pueblo respondió: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”. Entonces les soltó a Barrabás. Pero mandó azotar a Jesús y lo entregó para que fuera crucificado».Biblia, Libro de Mateo, capítulo 27, versículos 15-26

Este momento representa el peligro de las elecciones: cuando la gente elige a otro que no es aquel a quien Dios designa, la verdad es silenciada y llevada al matadero. Ayunar de las elecciones es negarse a repetir ese crimen.

16 de diciembre: el nacimiento de Ali Reza

El 16 de diciembre no es una nota al margen. Es una de las fechas más cargadas del mes.

Ali Reza es el Octavo Mahdi. Es Noé en su retorno. Es la reencarnación de Horus, Pitágoras, Isaac y Job. Su kunya es Aba Al-Baqir. Fue en su día portador del Segundo Pacto y es uno de los doce planetas que rodean al Qaim,

Aba Al-Sadiq dijo:

«Diciembre es un mes santo por muchas razones. Es el verdadero mes de Ramadán y es el mes de la Noche del Poder. Es el mes en que descienden el Corán, el Espíritu y todo asunto decretado. Es el mes en que nació el Mesías de los israelitas, Jesús hijo de María. Es también el mes en que nació Ali Reza».

Describió a Ali Reza como un diamante raro, un ángel allegado, y dijo:

«Ali Reza es un hombre que es un diamante raro, una gema que pocos saben reconocer. Es un ángel allegado, un planeta entre los doce planetas que son para el Qaim lo que los discípulos de Jesús fueron para él. Es un ser humano hermoso, sabio, inteligente, indulgente, paciente y puro. Entregó su vida por esta causa, la causa de la supremacía de Allah y la causa de defender el testamento del profeta Muhammad. Es para mí lo que Al-Abbas fue para Al-Hussein».

Conclusión

Diciembre no es un mes más en nuestro calendario.

El imam Al-Baqir dijo sobre el mes de Ramadán: «No digáis “este es Ramadán”, ni “Ramadán se ha ido”, ni “Ramadán ha llegado”, pues Ramadán es uno de los Nombres de Dios, Poderoso y Majestuoso. No viene ni se va. Lo que viene y se va, más bien, es lo que es pasajero. Decid, en cambio: “el mes de Ramadán”, pues el mes está anexado (unido) al Nombre, y el Nombre es el Nombre de Dios, Poderoso y Excelso. Es el mes en que fue enviado el Corán. Dios, Poderoso y Majestuoso, lo hizo un ejemplo y una festividad».

Este es el mes de Dios; despoja de distracciones y pone al descubierto la lealtad. Pregunta si la fe sigue siendo teórica o se manifiesta mediante nuestras acciones. Si la gente repite el error de la multitud, o se pone del lado del Califa divinamente designado y le responde, incluso al precio de nuestra comodidad.

Y la respuesta que aquí se elija no se queda en diciembre: sigue adelante.