¿Soy yo o el mundo se ha vuelto loco?
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Un mundo enloquecido: desigualdad extrema, hipocresía religiosa y decadencia social al descubierto.
Por Sarah Batul

Desde el amanecer de los tiempos, la humanidad ha tomado decisiones irracionales y malas elecciones que han conducido a la desigualdad, la injusticia y el derramamiento de sangre. Como especie, hemos exhibido una y otra vez comportamientos complejos y desconcertantes que nos llevan a cuestionar la cordura de la humanidad. Este comportamiento ha alcanzado su cima en los últimos años, con la expansión de internet y de las redes sociales acelerando la locura que presenciamos en nuestros semejantes. Del canibalismo religioso a los inodoros de oro, la cultura contemporánea está llena de lo que solo puedo describir como demencia. En este artículo examinaremos ejemplos de un mundo aparentemente enloquecido y la inquietante falta de acción para abordar este problema.
Bodas de mil millones de dólares mientras los bebés mueren de hambre
Sin duda, el dinero influye en los asuntos del mundo. Las bandas luchan por él, las corporaciones engañan a las masas para obtener beneficios, e incluso los árboles son víctimas de la locura: su papel se usa para imprimir billetes para donaciones destinadas a salvar a los de su especie.
En el mundo árabe, el islam se olvida cuando se trata de dinero. Mientras millones de refugiados huían de sus países hacia Europa durante la crisis de refugiados sirios, naciones multimillonarias como Catar y Baréin no acogieron a un solo refugiado. Sus familias reales se daban banquetes en jets privados mientras niños musulmanes se ahogaban en el mar Mediterráneo.
Otra cruel ironía surge al examinar a los autodenominados «hombres de Dios» en Irán e Irak. En 2019, reporteros de la BBC filmaron a un supuesto clérigo chiita vendiendo a jovencitas para sexo. Explotan a muchachas vulnerables, vendiéndolas en matrimonios temporales en las ciudades más sagradas del islam chiita en beneficio propio.
Si miramos hacia Occidente, encontramos supermercados de todo el mundo que desechan cantidades enormes de comida en lugar de donarla a quienes la necesitan. Sus justificaciones, que a menudo alegan motivos legales, son aceptadas sorprendentemente por el público.

El reciente informe de Oxfam Internacional sobre la desigualdad pinta un panorama sombrío. La disparidad de riqueza ha alcanzado un estado tan crítico que acabar con la pobreza al ritmo actual podría llevar 230 años. Mientras el 1 % más rico acapara la mayor parte de la riqueza del mundo, resulta horroroso saber que un asombroso 47 % de la población mundial lucha por sobrevivir con menos de 6,85 dólares al día. El ejemplo más demencial es el de la India. La India figura entre las cinco mayores economías del mundo, y sin embargo millones de sus habitantes pasan hambre cada año. Un ejemplo extremo de esta disparidad es la reciente boda de los Ambani, la familia más rica del país. La familia Ambani pagó a Justin Bieber 10 millones de dólares por una actuación de 30 minutos en su boda de 900 millones de dólares, a la que asistieron famosos, políticos y multimillonarios. Mientras tanto, la población de barrios marginales de la India se cifró en 65 millones en 2019. ¿Lo más triste? El público indio defendió y elogió a la familia por dar a los pobres las sobras de comida del evento.


Mientras todo esto ocurre, los ricos se mantienen al margen y culpan a los pobres de sus desgracias. ¿Adónde ha ido la humanidad? ¿Ha perdido la gente la cabeza, al permitir que un porcentaje tan pequeño de la población mundial se salga con la suya en un genocidio masivo? La sangre de cada pobre que muere está en las manos de quienes acaparan millones.
No es de extrañar que Jesucristo dijera que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios. El significado de ese versículo es ahora claro: el rico que no comparte su riqueza para ayudar a su prójimo no es digno del reino de Dios, pues carece de un corazón humano.
El dinero ha vuelto loco al mundo.
Tronos de oro y petróleo de sangre: el lado oscuro de la riqueza religiosa
El mundo parece estar en descenso, con seguidores del islam que sufren abusos verbales y físicos en todo el planeta. Muchos están muriendo, haciendo morir a otros o, quizá con algo menos de frecuencia, están sentados en inodoros de oro, viviendo en el lujo y disfrutando de una riqueza hecha con el petróleo de sangre del planeta. Esta locura religiosa refleja la social, pues personas que profesan seguir los preceptos del islam realizan acciones que contradicen los valores fundamentales de su fe.

En Occidente, el Vaticano, que se supone un lugar santo y el hogar del llamado sucesor de Jesucristo, tiene a los guardianes de los católicos de todo el mundo sentados en tronos de oro. Mientras tanto, millones de cristianos de todo el mundo mueren de hambre o son asesinados por sus creencias, sin que se tome ninguna medida sustancial para abordar estos problemas.
En Pakistán, un anciano cristiano, Nazir Gill Masih, de 74 años, fue acusado de blasfemia y linchado en un brutal ataque de una turba. 400 personas salieron a la calle, quemaron su casa, robaron sus pertenencias y lo lincharon brutalmente. Es inconcebible que se pueda atacar a un anciano vulnerable en nombre de la religión y de un Dios que afirman misericordioso. La demencia de todo ello queda subrayada por una gran concentración en Pakistán que apoyaba el brutal asesinato de este anciano cristiano y advertía de que otros podrían correr la misma suerte. 2.500 personas se congregaron en Sargodha, donde tuvo lugar el asesinato, para mostrar su apoyo al crimen.
Estos ejemplos muestran lo irracional y cruel que es el mundo en el que vivimos hoy. De la persecución religiosa a la hipocresía institucional, las acciones de individuos y grupos de todo el mundo revelan una inquietante falta de empatía y una profunda crisis moral.
Fetuas de los eruditos
En la televisión egipcia, Ahmad Abdo Maher habló de un plan de estudios de secundaria de la Universidad de Al-Azhar, la máxima autoridad religiosa de Egipto. Sorprendentemente, el plan de estudios animaba a los alumnos a practicar el canibalismo con apóstatas y con musulmanes que abandonan la oración. Un libro islámico llamado Al-‘Iqna’ fi Hill Alfâz Abi Choujâi permite incluso a los humanos comer la carne de humanos muertos, pero no cocinarla ni asarla, pues eso sería excederse. Consideraron indecoroso cocinar o asar la carne, pero apropiado comerla. ¿En serio?
Es asombroso que Al-Azhar, la universidad islámica más prestigiosa del mundo, enseñe supuestamente tales cosas. Hasta el presentador de televisión parecía conmocionado y pidió a la universidad que abordara esta flagrante locura.
El Dr. Salih bin Fawzan, miembro del máximo consejo religioso de Arabia Saudí, emitió una fetua afirmando que no existe una edad mínima para el matrimonio y que las niñas pueden casarse «incluso si están en la cuna». Según él, los eruditos han acordado que es lícito que los padres casen a sus hijas bebés, pero que solo permitan a sus maridos mantener relaciones sexuales con ellas si son capaces de soportar el peso de los hombres, una capacidad que varía según su naturaleza y su aptitud.
El resto del mundo musulmán o bien sigue sin saber que tales prácticas se justifican en nombre de su religión, o bien no ha alzado la voz contra esta abominación.
Códigos nucleares en manos dudosas
La mayor «superpotencia» del mundo, los Estados Unidos de América, ha ofrecido al mundo como líderes la elección entre un narcisista racista y un hombre con la agudeza mental de una cuchara.
El debate entre Trump y Biden del 27 de junio demostró que el mundo se ha vuelto verdaderamente loco. ¿Qué tan bajo ha caído la humanidad para permitir que tales individuos compitan por el poder? La evidente confusión de Biden, sus largos silencios y sus miradas perdidas resultaban inquietantes. El hecho de que estos hombres hayan tenido o vayan a tener la autoridad de lanzar bombas nucleares sobre países con solo pulsar un botón debería quitarle el sueño a cualquier persona cuerda. Esto es verdaderamente una vergüenza y una aterradora llamada de atención para el pueblo estadounidense.
Es asombroso que una nación con tanta influencia y recursos presente candidatos tan inadecuados para el liderazgo. El puro absurdo de la situación pone de relieve la locura de nuestros tiempos y muestra cuánto nos hemos alejado del gobierno racional y de los principios del verdadero liderazgo. Las implicaciones globales de tal ineptitud son a la vez vergonzosas y profundamente preocupantes, y ilustran aún más la locura de nuestro mundo actual.

Otro ejemplo de corrupción social es la asombrosa prevalencia de la trata de personas, la segunda industria criminal más grande y de más rápido crecimiento del mundo, solo por detrás del narcotráfico. Lo más absurdo es que supuestamente vivimos en la época más desarrollada de la historia, una época en que la esclavitud está aparentemente abolida. Sin embargo, el ser humano sigue siendo una mercancía y a las autoridades les resulta extremadamente difícil erradicar esta esclavitud moderna.
Las industrias mundiales del entretenimiento y la moda están plagadas de una corrupción que antes se descartaba como teorías conspirativas pero que hoy está bien documentada. Estrellas infantiles como Drake Bell han hablado de los abusos que sufrieron siendo adolescentes en Nickelodeon, y muchas otras víctimas han testimoniado experiencias similares. A pesar de estas revelaciones, el público se ha insensibilizado ante historias tan horrorosas.
El descenso de la sociedad
El nivel de delincuencia que se da en todo el mundo es abrumador, y este artículo no basta para abarcarlo todo. Una tendencia particularmente inquietante son las cirugías plásticas y modificaciones corporales extremas a las que se someten las personas. Para mí esto también es un delito. Se ha producido un aumento notable de famosos y de personas corrientes que alteran su aspecto hasta el punto de que ya no parecen humanos. Esto plantea una pregunta crucial: ¿por qué nuestra cultura se ha vuelto tan dura que las personas sienten la necesidad de demostrar su valía cambiando drásticamente su aspecto físico? Las mujeres, en particular, se sienten presionadas a ajustarse a estándares irreales y a menudo acaban pareciendo recipientes sin alma.
¿Es este el mundo en el que queremos que crezcan nuestras hijas? ¿Un mundo donde se valoran los cambios superficiales por encima de la verdadera valía personal, y donde los límites entre lo humano y lo inhumano siguen difuminándose? La locura de nuestro tiempo es evidente en estas tendencias sociales, que reflejan una profunda crisis moral y ética.

Salvajismo civilizado: por qué no podemos escapar del racismo
A lo largo de los siglos ha quedado claro que los humanos muestran hostilidad hacia cualquiera que se vea distinto de ellos, ya sea por el color de la piel o por las creencias. La trata transatlántica de esclavos y la esclavitud mundial son una prueba contundente de tal racismo. Hoy, las redes sociales son una herramienta que debería conectar a las personas, pero que en cambio ha creado aislamiento dentro de las comunidades y se ha convertido en una plataforma para abusar de la libertad de expresión, utilizándola para difundir odio. Negros contra blancos, musulmanes contra judíos, ucranianos contra rusos, Corea del Norte contra Corea del Sur, aficionados del Manchester United contra aficionados del Liverpool: en resumen, siempre hay alguien odiando a alguien.
En Francia, el partido Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen obtuvo una victoria contundente en la primera vuelta de las elecciones legislativas anticipadas de Francia. Pese a no ganar las elecciones en conjunto, ha demostrado cuán poco queridos son los musulmanes. Los musulmanes de Francia temen un aumento del odio contra ellos, con un futuro que se ve sombrío. ¿Es este el comienzo de que a los musulmanes se les trate de verdad como ciudadanos de segunda clase?
En los Estados Unidos, los afroamericanos representan el 13 por ciento de la población, pero tienen casi tres veces más probabilidades de morir a manos de agentes de policía que los blancos. Según el FBI, los delitos de odio alcanzaron en 2023 un máximo histórico en EE. UU.
En toda Europa, algunos inmigrantes ilegales ignorantes han acosado y manipulado a mujeres, considerando a las mujeres occidentales infrahumanas y creyendo que es aceptable violarlas o abusar de ellas. Esto ha provocado un aumento de las tensiones y del odio entre naciones debido a las reprobables acciones de unos pocos. La animosidad resultante divide aún más a las comunidades y perpetúa ciclos de violencia y desconfianza.
De la India al Reino Unido, y por toda Europa hasta EE. UU., la irracional locura del racismo y la discriminación sigue asolando a la humanidad. En esencia, el racismo es la forma más primitiva y degradante de juzgar a un individuo. Juzgar a una persona no por su carácter o su intelecto sino por su linaje genético muestra que la gente sigue la mentalidad de guerra tribal de los salvajes del pasado. Resulta desalentador ver que naciones líderes como los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, China y la India, entre otras, alimentan el deseo de sus ciudadanos de excluir o dañar a sus semejantes por el color de su piel. Este es uno de los actos de discriminación más atroces del mundo actual.
Reloj del juicio final: la Tierra gira más rápido en medio de un auge del crimen y la decadencia moral
Como se ha demostrado, el mundo se hunde en la locura: aumentan los desastres naturales extremos de nivel bíblico, suben los índices de criminalidad y la gente da prioridad a protestar por libertades de alcoba, como los desfiles del orgullo, en lugar de afrontar a los gobiernos corruptos y el genocidio generalizado. El ateísmo está en su apogeo, lo que se suma al caos social que he señalado. Esta locura ha creado un mundo tan caótico que da la sensación de girar fuera de control, literalmente. Observaciones científicas confirman que la Tierra completó recientemente su rotación más rápida registrada, lo que dio lugar al día más corto de la historia reciente, según TimeAndDate.com. Muchas personas cuentan en internet que sienten que el tiempo se acelera y quedan desconcertadas por la rapidez con que pasan los años.
Si da un paso atrás y reflexiona sobre todo lo que he enumerado, resulta evidente que vivimos tiempos oscuros. En un mundo en el que muchos están perdidos y engañados por figuras falaces que dicen tener las respuestas, estamos gobernados por sistemas defectuosos que ofrecen pan y circo en lugar de soluciones a los desastres que nos rodean.
Lo más disparatado no es siquiera lo que he mencionado en este artículo. Lo disparatado es que la humanidad no haya hecho nada, que no haya habido ninguna revuelta contra todo esto. Todos se han rendido y han aceptado en silencio estas atrocidades que han tenido lugar. Espero que la gente entienda que, al quedarse al margen y no decir nada, es cómplice de todo lo que está mal en este mundo.
Es imperativo que despertemos colectivamente y reconozcamos que vivimos en los últimos tiempos. Debemos preguntarnos si existe una fuerza superior destinada a guiarnos a través de esta locura. Ha llegado la hora de afrontar las realidades de nuestro mundo y unirnos contra las fuerzas que buscan dividirnos y destruirnos.


