Un refugiado difunde la fe en Lituania
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Spartak Najafov, procedente de Azerbaiyán, difunde la llamada de la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz en Lituania.
Por Hikmat Gahramanov




A sus 61 años, Spartak Najafov ya ha vivido toda una vida de penurias y perseverancia. Nacido y criado en Azerbaiyán, el viaje de Spartak hasta Lituania, un país que ofrece la libertad de practicar sus creencias sin miedo, estuvo marcado por pérdidas personales, una intensa persecución y un compromiso inquebrantable con su fe.
Spartak, casado y padre de dos hijos, era conductor y mecánico de automóviles de profesión y llevaba una vida tranquila hasta 2020, cuando abrazó la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz (AROPL). Su decisión de seguir una fe considerada herética por muchos en Azerbaiyán lo pondría en rumbo de colisión con su familia y con la comunidad local. Spartak recuerda:
«Cuando hablaba de mi fe en público, mi familia me acusaba de ser un apóstata. No dejé que eso me detuviera. Había encontrado la verdad y no podía darle la espalda».
En 2022, Spartak y algunos creyentes de ideas afines dieron un paso audaz al abrir un pequeño estudio en Bakú para crear vídeos que promovieran las enseñanzas de la AROPL. Sus esfuerzos, destinados a fomentar la comprensión, pronto se volvieron problemáticos. Spartak y sus compañeros fueron acusados de difundir ideas que desafiaban al islam, como la creencia de que la Kaaba se encuentra en Petra y no en La Meca, y de que el Corán había sido alterado.
Las autoridades no perdieron el tiempo en clausurarlos. El 28 de noviembre de 2022, la policía detuvo a los compañeros creyentes de Spartak y cerró el estudio. Se emitió una advertencia: dejar de difundir estas enseñanzas o afrontar graves consecuencias. Pero Spartak, que ya había sufrido el rechazo de su propia familia, no podía abandonar su fe. Dice:
«Sabía lo que estaba en juego, pero tenía que seguir adelante».
El punto de inflexión llegó en agosto de 2023. Spartak fue secuestrado por el Servicio de Seguridad del Estado de Azerbaiyán. Cuando volvía a casa del trabajo, una furgoneta negra se detuvo frente a él y agentes de paisano lo obligaron a subir. Lo llevaron a un sótano donde fue interrogado durante ocho días. Dice:
«Me di cuenta de que en Azerbaiyán, y en muchos países musulmanes, era imposible vivir libremente y practicar mi religión. Tenía que encontrar seguridad».
Spartak solicitó asilo en Lituania, un país donde la libertad religiosa está protegida por la ley. Desde su llegada, ha comenzado a reconstruir su vida. Sigue difundiendo el mensaje de la AROPL, utilizando plataformas de redes sociales como TikTok y repartiendo folletos para informar a otros sobre sus creencias. Spartak afirma:
«Ahora tengo la libertad de decir mi verdad sin miedo. Esta es mi misión y no voy a parar».
Aunque Lituania le ha ofrecido refugio, las cicatrices de su pasado permanecen. La traición de su familia, la tortura y la amenaza constante de persecución aún lo atormentan. Pero Spartak se mantiene firme. Para él, el camino está lejos de haber terminado. Continuará su labor, sabiendo que hay otros que aún están silenciados por el miedo.