La represión —y el auge— de la AROPL en Malasia en 2025
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Malasia afirma proteger la libertad religiosa: entonces, ¿por qué los malayos están atrapados en una fe que no pueden abandonar?
Por Kashfullah

Malasia se presenta ante la comunidad internacional como una nación que defiende la libertad de religión, consagrada en su Constitución Federal. Sin embargo, bajo esta promesa constitucional se esconde un sistema profundamente arraigado de control religioso, coerción y persecución, en particular contra los malayos étnicos nacidos en el islam. Para este grupo, la libertad de creencia existe solo en teoría, no en la ley ni en la práctica.
Conforme al marco jurídico de Malasia, toda persona nacida de padres musulmanes es registrada automáticamente como musulmana al nacer. Esta designación es permanente y jurídicamente irreversible, con independencia de la convicción personal, la conciencia o las creencias. La ironía es flagrante: al cumplir los 18 años, a los ciudadanos malasios se les confía el derecho a votar y a elegir a los dirigentes y las ideologías políticas que consideran más adecuados para gobernar la nación. Sin embargo, a los ciudadanos malasios que fueron registrados como musulmanes desde su nacimiento, o que lamentan haberse convertido al islam siendo adultos, se les niega categóricamente el derecho a elegir su propia religión u otra religión o sistema de creencias, incluso cuando están convencidos de que es verdadero.
Esta contradicción constituye una clara violación de los derechos humanos fundamentales, en particular del derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. El Estado malasio intenta disimular esta violación mediante tecnicismos jurídicos y artificios administrativos, proyectando una imagen de tolerancia mientras niega sistemáticamente la libertad religiosa a una parte considerable de su población.
Este artículo examina brevemente los mecanismos jurídicos, sociales y políticos que restringen la libertad religiosa en Malasia, centrándose en las experiencias de los miembros de la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz (AROPL). A partir de casos documentados de persecución estatal, desapariciones forzadas y coerción legal, este texto pone de relieve las violaciones de derechos humanos que se producen cuando la ortodoxia religiosa es impuesta tanto por actores estatales como no estatales.
El delito de apostasía y la ilegalidad del proselitismo

Peor aún, según la legislación malasia y una fetua nacional de 1996, el islam suní es la única fe permitida para los malayos étnicos. Cualquier otro sistema de creencias, incluidas otras corrientes del islam como el chiismo, se considera herético y es reprimido activamente:
El caso de Lina Joy, que luchó durante años y finalmente no logró que se eliminara «Islam» de su documento de identidad, lo demuestra. Todo intento de abandonar el islam se trata como apostasía, un delito castigado con multas, con reclusión en campos de «rehabilitación de la fe» e incluso con la muerte en algunos estados. El Estado persigue activamente a los apóstatas, como se vio cuando un ministro del gobierno pidió una «caza» de los miembros de un grupo ateo.
Un patrón documentado de violencia estatal y desapariciones forzadas

Las consecuencias para quienes cuestionan la ortodoxia religiosa del Estado no son solo jurídicas; pueden ser mortales. El Estado malasio ha estado directamente implicado en el secuestro y la desaparición de activistas religiosos percibidos como una amenaza:
Desapariciones forzadas por agentes del Estado: una investigación pública formal de la Comisión de Derechos Humanos de Malasia (SUHAKAM) concluyó que el pastor cristiano Raymond Koh y el activista chiita Amri Che Mat fueron víctimas de «desapariciones forzadas» y fueron secuestrados por la Sección Especial de la Policía Real de Malasia. Ambos fueron objeto de esa acción por haber difundido supuestamente sus respectivas fes entre musulmanes.

El pastor Joshua Hilmy, un malayo convertido al cristianismo, y su esposa Ruth Sitepu también desaparecieron en circunstancias sospechosas después de ser acusados de hacer proselitismo entre musulmanes.


La amenaza de los actores no estatales

La condena del Estado también alienta la violencia de grupos radicales. El asesinato del Dr. Joe Fernandez, un político cristiano, a manos de un grupo militante que lo acusaba de hacer proselitismo, demuestra que tales acusaciones pueden equivaler a una sentencia de muerte.
Además, los conocidos problemas de Malasia con grupos extremistas como el ISIS crean un entorno hostil en el que cualquier «apóstata» es un posible blanco. Las miles de amenazas que reciben en línea los miembros de la AROPL no son palabras vacías; existen en un país donde tales amenazas pueden convertirse, y se convierten, en realidad.
Después de que la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz (AROPL) y sus miembros en Malasia fueran condenados, amenazados, perseguidos, arrestados y hostigados de 2023 a 2025, se impuso un bloqueo continuo en las redes sociales a todos los canales oficiales de la AROPL y a las cuentas privadas de sus miembros. Como resultado, el año 2025 sigue marcado por la opresión y por acciones llevadas a cabo por el gobierno malasio y por movimientos islámicos radicales en Malasia.



El 16 de enero de 2025, miembros de la AROPL desplegaron pancartas en seis estados de Malasia que proclamaban a Abdullah Hashem como el Mahdi. Fue un acto significativo de proselitismo público.


La reacción del gobierno fue inmediata y hostil. Un miembro del Consejo Ejecutivo del Estado de Malaca, Datuk Rahmad Mariman, emitió una declaración pública en la que prometía que el gobierno estatal y la policía «perseguirán a los individuos o partes responsables». Era una amenaza oficial y clara de enjuiciamiento.



Apenas una semana después, el 23 de enero de 2025, esto se amplificó a nivel político nacional. El poderoso Parti Islam SeMalaysia (PAS), uno de los mayores partidos políticos del país, publicó una declaración oficial en la que exigía al gobierno federal que «tome medidas severas contra las enseñanzas y los miembros de nuestra fe en Malasia».
Sin embargo, entre febrero y noviembre de 2025 la situación en Malasia se agravó de forma dramática:
El 23 de febrero de 2025, una hermana en la fe, Siti Fatimah binti Sulaiman, fue detenida e interrogada por funcionarios religiosos en Terengganu después de que su propia hija la denunciara. Fue presionada para que renunciara a su fe, se le advirtió que no hiciera proselitismo y se la puso bajo vigilancia familiar. De manera inquietante, se perdió todo contacto con ella dos días después de este incidente, el 25 de febrero de 2025. Se desconoce su paradero actual, lo que suscita graves temores de que haya sido víctima de una desaparición forzada.

Estos hechos demuestran una progresión clara y aterradora. El Estado no solo señala a individuos para interrogarlos, sino que ahora también desmantela jurídicamente nuestra religión pieza por pieza, empezando por nuestros textos sagrados. La desaparición de Siti Fatimah tras su detención por las autoridades religiosas es un eco estremecedor de los casos del pastor Koh y de Amri Che Mat, y confirma que los peores desenlaces posibles son una realidad para todos los miembros de la AROPL en Malasia.
El Estado pasó entonces a criminalizar legalmente las enseñanzas fundamentales de nuestra fe:
El 21 de marzo de 2025, el Comité Nacional de Fetuas respaldó oficialmente la prohibición de nuestros libros religiosos. Y el 10 de abril de 2025, el Ministerio del Interior actuó en consecuencia emitiendo una prohibición legal en todo el país de nuestro texto religioso clave, «La Meta del Sabio», con lo que la mera posesión de nuestra escritura pasó a ser un delito penal.


El 4 de junio, las autoridades religiosas del estado de Pahang (JAIP) detuvieron a un matrimonio, Noor Zaza Atiera y Muhammad Firdaus, les confiscaron los teléfonos y los pasaportes y los separaron por la fuerza. Se desconoce su situación actual. El mismo día, otro miembro, Mohd Tarmizi, fue arrestado en una redada en su domicilio.





El 6 de junio, la operación se intensificó de forma dramática. Un equipo de seis agentes armados del grupo de trabajo de la Sección Especial de la policía derribó violentamente la puerta de la habitación de hotel de Mohd Fikhrillah bin Abdul Rahman. Fue golpeado y posteriormente acusado de delitos de la sharía por su fe. El empleo de una unidad policial armada de alto nivel demuestra que el Estado considera ahora a los miembros de la AROPL criminales peligrosos que requieren redadas de estilo paramilitar.
El 27 de julio, la amenaza se extendió a actores no estatales. Un miembro de la AROPL (cuya identidad debe mantenerse confidencial por razones de seguridad) fue agredido físicamente por miembros de PEKIDA, un grupo suní radical que, según se sabe, cuenta con miembros dentro de la policía y el ejército. Temiendo a las autoridades tanto como a sus agresores, se vio obligado a presentar una denuncia policial sin revelar la identidad de los agresores ni el motivo religioso, lo que demuestra que no existe una protección efectiva del Estado para víctimas como él ni para ningún miembro de la AROPL en Malasia.

Posteriormente, su esposa fue víctima de doxing durante una transmisión en directo de TikTok: sus acosadores publicaron abiertamente su número de identidad nacional, su domicilio y los datos de su automóvil. La familia se encuentra ahora escondida.
El 5 de agosto se aclaró la suerte de algunos de los miembros arrestados. Informes de prensa confirmaron que Muhammad Firdaus Yaacob y Noor Zaza Atiera Zahanuddin fueron obligados a declararse culpables de poseer nuestros materiales religiosos. El informe señalaba que esto se hizo para evitar la cárcel e impedir que el Estado se hiciera cargo de su hija. Mohd Fikhrillah también fue obligado a declararse culpable y recibió una fuerte multa. Esto demuestra que el sistema de tribunales de la sharía no es un lugar de justicia, sino un instrumento de coerción utilizado para forzar a los creyentes a confesar bajo presión.

La etapa final de la persecución opera ahora en secreto. El 4 de septiembre desapareció Muhammad Hisyam Fikri, otro miembro. Nuestras investigaciones revelaron que fue detenido por el Departamento Religioso Islámico de Johor, juzgado en secreto y condenado a prisión al día siguiente, todo ello sin representación legal y sin ninguna cobertura mediática. Su familia, probablemente bajo amenaza, niega saber dónde se encuentra. Esto demuestra que el Estado utiliza ahora un sistema de justicia secreto para hacer desaparecer sin dejar rastro a los miembros de mi fe.
El Departamento de Desarrollo Islámico de Malasia, dependiente de la Oficina del Primer Ministro de Malasia, celebró una convención el 5 de noviembre de 2025. El primer tema presentado se titulaba «Investigación sobre la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz» y estuvo a cargo de la Facultad de Estudios Islámicos. La presentación fue de calidad muy baja, llena de errores, y su contenido procedía únicamente de ataques y acusaciones falsas hallados en las redes sociales. Fue dirigida por el Dr. Yusri bin Mohamad Ramli, de la Facultad de Estudios Islámicos de la Universidad Nacional de Malasia (Universiti Kebangsaan Malaysia-UKM).




Los sermones semanales de los viernes en mezquitas de todo el país también han atacado a la AROPL y han advertido a los musulmanes de que se alejen de ella. De hecho, varias mezquitas han invitado incluso a eruditos a pronunciar conferencias sobre la desviación y los peligros de la AROPL.
El trato que el gobierno malasio dispensa a la AROPL ilustra la compleja intersección entre religión, ley y derechos humanos en el país. A pesar de las garantías constitucionales de libertad religiosa, a los miembros de la AROPL y a los malayos étnicos de Malasia se les niega el derecho a convertirse, a hacer proselitismo o a practicar libremente religiones no suníes. La persecución estatal, las desapariciones forzadas, la coerción legal y la propaganda se combinan para crear un clima de miedo y opresión. Los casos documentados de desaparición forzada, de criminalización de textos sagrados y de confesiones obtenidas bajo coacción ponen de manifiesto violaciones sistémicas de los derechos humanos que merecen una atención internacional urgente.
El marco jurídico y social de Malasia, al priorizar la ortodoxia religiosa sobre las libertades individuales, plantea un desafío crítico para la defensa de los derechos humanos y la protección de las minorías religiosas.
El auge en la Noche del Poder
El día 23, en pleno mediodía, cuando el sol caía abrasador sobre las calles, 23 almas valientes emprendieron un viaje que cambiaría para siempre el panorama de su lucha por la verdad. Eran las 12 de la mañana y se encontraban en el corazón de Gombak, dando comienzo a su audaz misión, que los llevaría hasta Ampang. Pero no era un viaje cualquiera. Estas 23 personas no viajaban simplemente: eran hermanos y hermanas en la fe, una familia de almas unida por una llamada superior, un vínculo más profundo que la sangre, forjado en el amor y la creencia compartidos en la supremacía de Allah.
En un país donde la expresión de su fe había sido restringida, donde el temor a la persecución pesaba sobre todo creyente, estos hombres y mujeres eligieron el valor en lugar del silencio. Salieron a las calles, no de noche, cuando las sombras podrían ofrecer cobijo, sino a plena luz del día, plenamente conscientes de los riesgos que corrían. Sabían que en Malasia incluso las expresiones más básicas de fe podían acarrear graves consecuencias. Aun así, se mantuvieron inquebrantables. Alzaron el estandarte de la supremacía de Dios en medio de la bulliciosa ciudad, sabiendo perfectamente que sus actos serían vistos como un desafío, como un reto al propio sistema que pretendía suprimir su creencia.




No era solo una bandera lo que alzaron: era una declaración. Una declaración de que, por muchas leyes que se aprobaran para silenciarlos, por muchas veces que se les dijera que ocultaran su verdad, no retrocederían. Fue un acto de fe, un desafío directo a las fuerzas opresoras que querían borrar la verdad. Y mientras conducían su convoy por las calles desde Gombak hasta Ampang, llevaban consigo el poderoso mensaje del Corán:
«Quieren apagar la luz de Allah con sus bocas, pero Allah completará Su luz, aunque a los incrédulos les desagrade».At-Tawbah 9:32
Este versículo resonaba en sus corazones durante el trayecto, pues comprendían su significado de la manera más profunda. Las autoridades, el gobierno, los enemigos de la verdad podían intentar cuanto quisieran apagar la luz de Allah, ya fuera mediante la persecución, el miedo o la opresión, pero jamás lo lograrían. La luz de Allah era eterna, imparable, y brillaría incluso en los tiempos más oscuros. Por mucho que el mundo intentara suprimirla, Su verdad siempre prevalecería.
Conocían los peligros que afrontaban. Sabían que arriesgaban la vida, que el solo hecho de salir a la calle podía atraer la ira de las autoridades. Pero su convicción era más fuerte que el miedo. Creían con cada fibra de su ser que, incluso ante la persecución, la verdad de la luz de Dios arde con más fuerza que cualquier poder que intente sofocarla. Comprendían que su fe no era algo que el gobierno pudiera prohibir o destruir: era una llama en sus corazones que jamás podría apagarse.
Mientras continuaban su viaje de Gombak a Ampang, el convoy no era solo un movimiento físico: era un movimiento de almas, un testimonio vivo de la fortaleza de su creencia. La pancarta que llevaban no era solo un símbolo: era un acto de desafío, un faro que se negaba a atenuarse, un mensaje de verdad inquebrantable que nada en este mundo podía silenciar. Su acción no fue solo un acto de resistencia; fue un acto de fe, un recordatorio de que, sean cuales sean las consecuencias y el peligro, siempre se mantendrían firmes en la luz de Allah.
Y mientras su convoy seguía adelante, el efecto de su valentía comenzó a extenderse. Los 23 que habían dado los primeros pasos no estarían solos por mucho tiempo. La noticia de su coraje viajaría, encendiendo el corazón de otros. El número de miembros de la AROPL en Malasia seguiría creciendo día tras día, a medida que más almas se sumaran a su causa. Lo que comenzó con un pequeño grupo de 23 hombres y mujeres valientes pronto se convertiría en un movimiento: una fuerza de verdad, unidad y creencia inquebrantable.
El número real de miembros de la AROPL en Malasia es mucho mayor que las 23 personas que tuvieron la oportunidad de participar en este convoy histórico, y la cifra verdadera sorprendería sin duda a muchas partes, en especial al gobierno malasio. Este número sigue creciendo y expandiéndose cada día.
El gobierno podía intentar ahogar sus voces, silenciar su mensaje, pero había subestimado el poder de la fe. Pues la verdad de Allah no era algo que pudiera ser contenido por leyes terrenales ni por limitaciones humanas. La llama de la luz de Dios jamás se apagaría. Jamás podría ser silenciada. Y en el corazón de estas 23 personas, esa llama ardía con más fuerza que nunca.


