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La labor misionera en Tailandia suscita odio

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Cuando los fieles terminaron las oraciones del viernes, los creyentes de la AROPL, encabezados por Voosnong Madda, de 65 años, tomaron un micrófono...

Por Caroline Hoeren

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Una tarde de viernes en Pattani, provincia situada en el conflictivo sur de Tailandia, se desarrolló una escena inusual en la Mezquita Central de Pattani. Ocho creyentes tailandeses de la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz llegaron con una misión: predicar su mensaje sobre la llegada del Mahdi. Lo que ocurrió en los siguientes 30 minutos desató una tormenta viral, encendiendo una ola de odio, amenazas y debate que ahora resuena por todo internet.

Cuando los fieles terminaron las oraciones del viernes, los creyentes de la AROPL, encabezados por Voosnong Madda, de 65 años, tomaron un micrófono y comenzaron a llamar a los musulmanes a abrazar al Imam Al-Mahdi. Provistos de folletos y carteles, el grupo repartió material que detallaba sus creencias, lo que suscitó una mezcla de curiosidad y desdén entre los asistentes a la mezquita. Algunos se detuvieron a conversar, mientras que otros pasaron de largo apresuradamente, sin interés.

Entre el pequeño grupo estaban Yuttana Madthing, de 54 años, que retransmitió el acto en directo, y Adul Daraseh, de 73, que lo documentó con su cámara. El acto, aparentemente inocuo al principio, se convirtió rápidamente en un fenómeno viral.

En cuestión de horas, la retransmisión en directo fue recogida por un conocido influencer fundamentalista suní, famoso por su retórica antichií. Al publicar el vídeo en su página de Facebook, movilizó a sus seguidores con un mensaje escalofriante: «¡Última hora! El grupo yemení de los Estandartes Negros ha salido a hablar del Nuevo Mahdi frente a la Mezquita Central de Pattani durante la oración del viernes… Informaré al comité islámico, a los eruditos y a los maestros de religión».

La publicación se hizo enormemente popular, acumulando rápidamente cientos de miles de visualizaciones y desencadenando una avalancha de comentarios hostiles. Al día siguiente, el vídeo había sido visto más de 500 000 veces, y las cifras seguían aumentando.

La sección de comentarios se convirtió en un caldo de cultivo de vitriolo. «¿Podemos atraparlos para el Comité Islámico si hacen esto?», escribió un usuario, Sang Sawang. Otro comentarista, Jirayut Burakai, sugirió una respuesta más visceral: «Cojan m*** y láncensela». Las amenazas se volvieron cada vez más intimidantes, y un usuario, Sahuding Chamamah, propuso violencia: «Peguémosle una vez en la oreja al que habla».

El incidente también llamó la atención de Sayan Sukchan, abogado y fundamentalista islámico, que se hizo eco del sentir del influencer y avivó aún más las llamas. Publicó: «Durante la oración en la Mezquita Central de Pattani, los chiíes difunden su secta. ¿No está suficientemente claro? ¿Se les han abierto ya los ojos?».

Lo que comenzó como un discreto esfuerzo misionero de un grupo marginal se ha convertido en un debate nacional, y la Religión Ahmadi de la Paz y la Luz se encuentra en el centro de una tormenta de fuego. A medida que se profundiza la polémica, la situación sigue siendo tensa. Los creyentes, sin dejarse amedrentar, continúan su labor, mientras el mundo en línea observa, comenta y, con demasiada frecuencia, amenaza.